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La Abuela Leonor: Huellas de una lucha

“La nave del sueño mío” es la película que cuenta la historia de la Abuela de Plaza de Mayo Leonor Alonso, dirigida por su nieto Javier Abinet, con testimonios de todo el clan que rodeó a esta mujer. Recuperó a su nieta Elena con 10 años, en 1987, y fue la primera niña nacida en cautiverio que se logró restituir.

Los restos de María Leonor Abinet fueron encontrados en San Martín. La familia le decía Mara, y sus compañeros la llamaban Mafalda. Había sido secuestrada con un embarazo de 7 meses, en septiembre de 1976 de la pensión de Caseros donde vivía con sus hijas de 7 y 9 años. El Bocha, su compañero, había sido desaparecido dos meses antes. En 1986 las Abuelas encontraron a Elena, en manos de un policía bonaerense.

Con esta lucha como eje, la familia de la abuela Leo y sus compañeros y compañeras de trinchera destacan distintos aspectos de su legado: el amor por el arte, la generosidad, el compromiso, la solidaridad. También, pensando en su realidad y la de sus compañeras, unió la reflexión sobre las desigualdades del patriarcado con la lucha por los derechos humanos.

-¿Por qué se llama “La nave del sueño mío”?

-Fue a raíz de un escrito en un libro de mi abuela, que escribe una especie de poesía de subirse a la nave en un momento de complicación a nivel país, viviendo la dictadura, y planteaba algo de poder subirse a la nave de poder seguir construyendo, de poder seguir soñando-, contesta Javier Abinet, que siente que le tocó dirigir esta historia, que en realidad es colectiva.

En un tramo de la película, Delia Méndez la recuerda a Mafalda, de quien se enteró su nombre verdadero hace pocos años, porque ella estaba clandestina, y participaba de la Unión de Docentes de San Miguel, de la mano de sus dos hijitas. “La mamá de Mafalda nos daba también charlas, y nos parecía una mujer muy inteligente, muy formada. Dos grandes mujeres”, cuenta la ex directora de Gestión Educativa del Ministerio de Educación de la Nación. Quiebra su voz cuando trata de transmitir una imagen a las hijas y nietas de Mafalda: “Que tuvieron una mamá tierna y fuerte a la vez”.

-¿Desde niño sabías lo que le había pasado a tu tía Mara? ¿Cuándo te subiste a la nave de este sueño?

-Si, mi madre también fue una militante muy activa durante toda su vida. Y la historia de mi abuela y de mi tía desaparecida la supe casi desde los 5 años. Fue algo que mamé desde muy chico. Me educaron así, con una cuestión de ser militante, de ser solidario, de lo colectivo, de la construcción colectiva. Y el papel de mi abuela como luchadora siempre fue fundamental, sobre todo por un hecho práctico: uno puede hablar de muchas cosas, pero uno ve que una persona lo hace y está ahí, además de saber, y de que era un cuadro espectacular ella siempre estaba organizando, en la lucha. Fue una figura muy importante para mi y para muchos de mi familia.

La abuela Leo tuvo un cargo en la Universidad Nacional de La Rioja, y se involucró con la luchas sociales, barriales. El documental también recoge testimonios allí, donde se inauguró la Casa de la Memoria Leonor Alonso. De hecho, la idea original de hacer esta película parte de la Asociación de Maestros y Profesores de La Rioja, junto con los nietos e hijos de Leo. Y es en memoria de Leonor, Mafalda y Miguel Angel “Bocha” Gallinari, padre de sus nietas, detenido desaparecido dos meses antes,.

“Fue un trabajo colectivo que duró casi 5 años, en el cual participaron muchas personas”, destaca el director, respecto de la tarea de indagar en las historias, y en los distintos pedazos del rompecabezas que fue la intensa vida de Leonor, que dejó huellas diferentes en cada entrevistado, o entrevistada.

-¿Qué historias nuevas te enteraste?

-Fueron pequeñas cosas de una mina que ya teniendo familia y todo… Ponele en el golpe del 55 -y esto no entró en el documental- se hacía una marcha y ella estaba, vestida como una señora, y con unos miguelitos en la cartera. A las 12 de la noche la paró la policía. Se hizo la desentendida – “qué desastre un paro nacional”, les decía-, y la terminaron llevando en patrullero a una supuesta dirección que no era su casa verdadera. En el camino bajó la ventanilla del auto, que debía hacer un ruido tremendo, y fue tirando los miguelitos de a uno por avenida Córdoba. Otra: un día estaba en un tren, en una época difícil, de poco laburo, y había un laburante que no tenía boleto, venía el chancho, bastante con la gorra puesta, y medio que lo quiere hacer bajar, y mi abuela se hace la que se le había caído su boleto, y con el suyo le dice: “ah, perdón mirá, este es tu boleto, se te había caído acá”. Lo termina salvando, y le dice a mi tío, el que me contó la historia, “esto es lo que nos dice Jesús, ayudar al prójimo no es nada lejano, es esto”.

Los restos de Mara, enterrada en el cementerio de San Martín, fueron hallados en 2009 por el Equipo Argentino de Antropología Forense en 2009. En los registros figuraba como NN, “muerte violenta” como causa, ocurrida en Ciudadela el 2 de febrero de 1977. Elena, la hija que Mara tuvo en cautiverio cuenta que en un momento, a los 18 años, su abuela le preguntó si había hecho bien en buscarla. Elena no se lo había preguntado nunca. Pero ahí se puso a pensar cómo sería su vida si ella no la hubiera buscado. La abuela, a quien le habían dicho que su nieto desaparecido era varón, soñaba con una nena bailando danzas españolas. Y eso mismo hacía la nena de 10 años a quien todavía no conocía. Hay algo mágico en la película, en la vida de esta familia.

El director siente el compromiso. “En un momento en que se cuestiona tanto los derechos humanos, a nuestros compañeros, es responsabilidad nuestra, de los que todavía estamos acá, de poder contar y mostrar, y poder decirlo. Es nuestro compromiso: no pasarán”.

 

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