La Veredita: La nueva mística del Club de la Música


Por MM

A once años de su fundación, el Club de la Música de Villa Ballester atraviesa un proceso de renovación profunda. Con la apertura de su patio delantero y una fuerte apuesta por las artes visuales coordinadas por Cabras Producciones, el espacio de la calle Alberdi busca «abrirse al barrio». En una charla extensa con Zorzal Diario, Blas Bonardi reflexiona sobre la autogestión, el recambio generacional y el rol de la Escuela Popular de Música en el territorio.

—Históricamente el Club fue un refugio ‘puertas adentro’. ¿Qué significa simbólicamente para ustedes abrir el patio delantero y ganar visibilidad hacia la calle en este momento de Villa Ballester?

—Yo creo que justamente fue eso: abrir las puertas del club a quienes no lo conocen. Dentro de la comunidad cultural de San Martín, del conurbano en general y Capital también, somos muy conocidos, y me parece que un poco era como en busca de quizás nuevos públicos, del barrio que no nos conoce. Mucha gente quizás no se anima a entrar al club porque es un centro cultural, entonces es invitar un poco a pasar, a estar. También que la gente que está dentro del club pueda ver qué pasa afuera. Es simbolizar un poco esto de la gente sentada en la vereda que es muy del conurbano con su sillita, mirando a ver qué pasa, los autos, la gente, charlar con el barrio, con los vecinos. Ese es el significado de esta reapertura hacia fuera del club: mostrar lo que somos, que los de afuera conozcan qué es el club e invitarlos a pasar.

Fotos: Ariel Esposito

—En un contexto económico tan complejo para la cultura independiente, ¿cómo se planifica y se logra concretar una reforma edilicia de esta magnitud?

—Creo que esto fue lo más complejo. Todo se llevó adelante, primero con un montón de fuerza y tiempo humano de un montón de gente que habita al club en su espíritu cooperativista; gente que aporta sin recibir nada a cambio, solamente para que el club esté más lindo. Obviamente que hubo una inversión económica de ahorros personales de quienes llevamos adelante el espacio, porque el club no cuenta con ahorros como para llevar adelante esta obra. Pero creo que es esa mezcla de las dos cosas: voluntad y tiempo y amor de un montón de gente hacia el club. Desde amigos que nos bajaron insumos para que salgan más baratos, gente que vino a pintar, gente que vino a hacer un mural, a poner la cabeza y el corazón. Fue como redoblar la apuesta, decir: «Bueno, necesitamos que más gente venga al club y más gente lo conozca. Para eso el club tiene que estar más lindo».

—¿Cómo vivieron la reapertura y qué lugar ocupa la apuesta visual que están impulsando junto a Cabras Producciones?

—Yo creo que un poco está centrado también a esta reapertura a lo visual. En el club siempre fue como más de la música, y hay toda una parte del equipo —Cabras Producciones— que es más del palo de las artes visuales y ellas tenían ganas de venir a aportar toda esa visión y que el club sea también un espacio de referencia a las artes visuales, donde artistas puedan venir a exponer. Va a haber muestras temporales que van a durar dos meses y la gente va a poder comprar las obras que están expuestas. Hay un mural nuevo también en el patio adelante que invita un poco a eso, a disfrutar también el club desde otro lugar que no sea solamente la música.

Fotos: Ariel Esposito

En el patio de adelante queremos hacer exposiciones, conversatorios, música en vivo desenchufada. Es como un renacer, como un dar de nuevo. Después de 11 años sentíamos que le hacía falta al club una renovación porque los procesos se van agotando. Hubo una renovación después de cumplir 10 años y nos vimos en la disyuntiva: ¿seguimos adelante con el proyecto o cada uno sigue con su vida? Me parece que es un renacer y una búsqueda de nuevos horizontes para seguir creciendo en nuestro aporte a la cultura de San Martín.

—Desde aquel noviembre de 2014 hasta hoy, ¿cómo cambió el público de Ballester? ¿Viene una nueva generación o es la misma que creció con ustedes?

—Yo creo que hay un poco de todo. Hay una nueva generación que viene al club que antes no venía por una cuestión lógica etaria. Ha cambiado mucho la música y el consumo musical en estos 11 años, pero también está todo ese público que viene desde el 2014 y que quizás también estaba pidiendo otra cosa del Club de la Música. Nosotros mismos estábamos pidiendo otra cosa porque ya somos más grandes, nuestros consumos cambiaron y nuestras maneras de hacer las cosas cambiaron. Me parece que hay tanto una renovación de público como de las viejas personas que venían al club que quizás ya necesitan otra cosa. Por eso también la búsqueda de una carta más elaborada, con un menú al plato y más vuelo gastronómico e invitando al club no solamente desde lo cultural, sino también desde lo culinario.

—Después de más de una década y haber sobrevivido a una pandemia y varias crisis, ¿qué es lo que hoy los mantiene motivados para abrir las puertas cada día?

—Esto es algo que hablamos siempre y hay algo del club que es la trascendencia. Es un proyecto que no es solo nuestro, sino que hay un montón de gente que lo hizo propio. Somos un faro en San Martín de la cultura, un espacio que nos hace trascender tanto a nosotros como a las personas que lo habitan. Y me parece que aporta algo distinto a la lógica del dinero y de que todo lo que permanece es lo que es exitoso económicamente. El club quizás nunca fue exitoso económicamente, pero fue exitoso en dejar algo más: un espacio donde se hicieron amistades, familias, donde han nacido hijos e hijas de gente que se conoció acá.

Fotos: Ariel Esposito

Y algo que no me quiero olvidar es que el club también aporta a lo social y funciona una Escuela Popular de Música (EPM). El club siempre tiene esa mirada social de que nadie se salva solo, de que somos una comunidad. La EPM da lugar a un montón de pibes del Área Reconquista para que se formen un oficio, tengan un lugar de pertenencia y puedan ver otra realidad posible. Ha pasado que pibes de la EPM que empezaron a estudiar, después terminaron laburando en el club, en el canal de streaming o en la cocina y hoy son amigos nuestros. Eso hace que la rueda siga girando y que el club no sea solamente el club de la música, sino sea un espacio de transformación social.

Con esta nueva etapa, el Club de la Música reafirma su lugar como uno de los motores culturales más potentes de San Martín. Ya no es solo un refugio para melómanos, sino un punto de encuentro que, desde la vereda de la calle Alberdi, invita a repensar el barrio a través del arte visual, la gastronomía y, sobre todo, la construcción colectiva.

En tiempos de incertidumbre económica, la apuesta de este colectivo autogestivo demuestra que la cultura en el Conurbano no solo sobrevive, sino que se anima a renacer, a abrir sus puertas y a seguir transformando la realidad de quienes habitan el territorio. Como dice Blas, la llama sigue encendida, y ahora, desde el patio delantero, ilumina un poco más a todo Villa Ballester.