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Ana Prada en San Martín

Es más bien rockera. Sus canciones tienen “aire” a los ritmos latinoaméricanos, por eso Ana Prada se siente “rara” cuando es convocada para cantar en un festival folklórico, como el Festival Martín Fierro que organiza por segundo año la Municipalidad de San Martín, en la Chacra Pueyrredón, donde nació el 10 de noviembre de 1834 José Hernández, en honor a quien se celebra el Día de la Tradición en toda la Argentina. Ella eligió ser pecadora y sumarse a la ola feminista.

Ana es uruguaya, de Paysandú, enfrente de Entre Ríos. Varias veces, a lo largo del show que ofreció el domingo pasado, aclaró que se identifica con la gauchesca rioplatense. Sus canciones no son folklóricas, pero tienen en común con el Martín Fierro esa suerte de haber interpretado a un sector silenciado por la sociedad. Así como José Hernández, en la primera parte del Martín Fierro expresó el pesar de los gauchos, Ana Prada expresa a las mujeres, y de hecho, había muchas chicas de pañuelo verde cantando sus canciones, que llegaron al éxtasis cuando cantó “Soy Pecadora”.

Al comienzo del show recitó el verso que suplica: «Los hermanos sean unidos/Porque esa es la ley primera/ Tengan unión verdadera / En cualquier tiempo que sea / Porque si entre ellos pelean / Los devoran los de afuera».

-¿Por qué pensás que el Martín Fierro ha tenido tanta vigencia?

-Es el payador perseguido, el gaucho perseguido, el que sintetiza en su poesía toda esta pelea de los gauchos, antes de que existan los países. Cuando empezó a existir la figura del gaucho, que es un criollo mezclado, errante, con un espíritu libertario, con unos valores muy particulares. Creo que el Martín Fierro plasmó eso de maravilla. Mis abuelos paternos eran maestros rurales sobre todo por el lado de mi madre, mi abuelo el Tata Rodolfo era gaucho. Trabajó toda la vida en la estancia, después se fundieron. Mi abuelo, hasta el día de su muerte, andaba con un faconcito en la cintura. Con la bombacha de campo, la faja, el cinturón, y viviendo en la ciudad ya, en Paysandú. Tenía un galponcito donde estaban las herramientas, hacía huerta en un pedacito del jardín. Nunca abandonó su espíritu campestre. Yo aprendí a tomar mate con él. Y en esa mateada a la mañana temprano, él me contaba un montón de cosas de afuera, del campo. Yo le preguntaba de todo: cómo domaban los potros y de todos los trabajos rurales. Él era muy poco “leído” como dicen los paisanos. Nació en el 1907. Aprendió con una maestra particular, que iba a una pequeña comunidad rural donde iban los gurises que había. No había como ahora, una red de escuelas rurales, bien hecha. Él no se si terminó: sabía escribir y leer pero hasta por ahí nomás. Lo único que leía era el Martín Fierro.

-Así como José Hernández expresó a los gauchos, vos expresás a esta ola feminista. Había muchas mujeres cantando tus canciones, sumamente identificadas, ¿cómo vivís esto?

-Al principio muy inconsciente. Ahora, a esta altura de mi vida, con esta edad y este tránsito, lo vivo con responsabilidad. Me parece que es una responsabilidad por como se han dado las cosas a nivel político y social, y etcétera. Hice estas canciones sin saber que iba a pasar todo esto. Ahora que está pasando, que hay una coyuntura política y social que calza perfecto, hay un montón de gente que está descubriendo algunas de mis canciones. “Soy pecadora” la grabé hace ocho años, y en ese momento no pasó nada. Ahora se tomó como una bandera de lucha, potente de forma clara. El otro día hablando con Teresa Parodi, mientras cenábamos en su casa, me decía que ta, que ahora yo tengo que hacerme cargo, tomar eso y hacerme responsable. Desde mi lugarcito, chiquitito, aportando una canción que pueda servir, o algún comentario. El otro día estuve reunida en Rosario con un grupo de mujeres músicas, que pegaron un chiflido, se juntaron y armaron una asociación. Son quinientas y pico de mujeres que hacen música en Rosario. Algunas más profesionales, otras más amateur, desde sus casas. Me tuvieron ahí como dos horas conversando de temas de la mujer, del mundo, del trabajo, de la música, de un montón de cosas. ¿A quién le puede resultar importante lo que yo diga?, pensaba. Pero hay que tomar eso y hacerse cargo de lo importante. Con todo el respeto del mundo y con toda la humildad del mundo. Sé que no puedo hacer mucho pero es un granito de arena, una conversación.

-Soy Sola, o Soy Pecadora, nos fueron llegando a muchas de esa forma que llegan los discos, y muchas veces las canciones que cada una interpreta desde su propia historia individual, cobran un sentido más colectivo.

-A veces cuando contás la historia de la canción, le arruinás la imaginación al  que pensó otra cosa. Pero está buenísimo. Quiere decir que esa canción expresaba algo más universal que el micro mundo del cual uno habla. Yo hablo de lo doméstico, de mi vida, de mi ser, de mis miedos. Las canciones después toman  vuelo, después se interpretan con los contenidos que le ponen las personas que las escuchan. Lo mejor que le puede pasar a una canción es que sea tan abierta en su poesía y en su contenido que la gente después la llene como quiera, con lo que le pasa en ese momento. A mi me pasa con algunas canciones mías que las resignifiqué después que me pasaron cosas: después que se me murió mi mamá, antes era una canción de amor y ahora es una canción de pérdida.

-¿Cómo fue tu proceso de “Soy Sola” a “Soy Pecadora”?
-Fueron cosas diferentes. Con “Soy sola” yo estaba trabajando con la música, con otros grupos, y le puse ese nombre porque empecé a hacer canciones, hice un proceso de laburo con Carlos Casacuberta, que me hacía componer hasta que tuvimos el disco, y le puse “Soy sola” por la canción y porque era mi primer trabajo solista, entonces ta, como que era un chistecito. Después surgió “Soy pecadora” porque mi vida también cambió, no porque haya elegido estar con una mujer, porque eso ya me pasaba de antes, eso no se elige. Si el amor se eligiera no haríamos canciones de amor, seríamos todos felices. Por suerte no se elige y también somos felices. Por suerte te nace, te viene. Pero “Soy pecadora” fue por otras circunstancias. Empecé como de atrás, me empezó a molestar más que nunca la hipocresía de la sociedad. Sabés, soy pecadora, ¿y qué? Viendo el sufrimiento de las mujeres, de las mujeres trabajadoras, de la señora que trabajaba limpiando el edificio de casa que envejeció sacando la basura de los ricos. Yo no era la rica, pero pongamos la metáfora: sacando la basura de los otros, porque ellos no querían ensuciarse las manitos.Una cosa semi esclava, de una persona buena buena, con un marido que andá a saber como le iba. Se le iban cayendo los dientes, y era para mi la persona más buena del mundo. No se por qué eso me generó la canción “Soy pecadora”. Porque si todo lo que está bien, si haciendo las cosas bien tenés esta vida, el mundo es re injusto. Si esta es la ley imperante, yo no quiero esto, yo me voy. Pateo todos los tachos habidos y por haber, porque si haciendo las cosas bien… Si ella quería cantar, y tenía una guitarrita, pero su papá, el marido, los hijos… Cuando en toda tu vida vos te brindaste tanto a los otros, en esa bondad que te piden todas las religiones… Capaz que era re feliz, yo no estoy haciendo un juicio de valor, pero se me disparó ese pensamiento de que esta persona es divina, que hubiera merecido hacer todo y realizarse como persona. Ojo, que capaz que estaba recontra realizada, estoy hablando de lo que a mi me disparó esa fotografía, ni siquiera la historia real de esa persona. Lo que a mi me disparó esa imagen, es decir: “Yo soy pecadora”, con esto que manda en el mundo yo no estoy ni ahí. Es el mundo imperante, la gente “haciendo las cosas bien” pero igual no logrando nada. Y las mujeres, que somos las más pobres de los pobres.

Por Vanina Pasik

Fotos: Prensa Municipalidad de San Martín

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