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“El poeta de hoy le habla a la espina para que resalte la flor”
No hay muros capaces de encerrar la poesía. “El silencio que grita” se acaba de publicar en Francia, con poemas escritos por personas privadas de su libertad desde el Complejo penitenciario de San Martin. Zorzal Diario se sumergió en una charla profunda con sus autores: Martín Basualdo, Jorge Carrena, Sabrina Piotti, Abel Díaz y Ángel Capodimonte, protagonistas de esta historia de poesía y libertad.
El libro -editado por Acedia, distribuido por Cabeza de Chorlito y con prólogo del premio nobel J.M.Coetzee-, es fruto del taller de poesía que dicta Martin Bustamante en el CUSAM, la sede que tiene la UNSAM en la Unidad 48. Cuenta que la “ideóloga” de este sueño fue Inés Branco López. Ella había venido por un intercambio, hace cinco años, para estudiar y comparar las cárceles de Argentina y Francia. Se interesó por el taller, se comprometió y propuso publicar los textos. “Yo pensé que era chamuyo, hasta que en noviembre me llegó un mensaje, con la foto de la tapa del libro publicado, en Francia. Yo estaba viajando en colectivo y me puse a llorar”.

Abel Díaz y Jorge Carrena: La palabra y la elaboración colectiva
Para conocer a los autores es necesario atravesar dos barreras, dos portones y dos alambrados internos. Abel Díaz y Jorge Carrena esperan en el CUSAM. Abel escribió las “milongas” que están en el libro cuando “cayó en cana”; por esa época escribió también otro texto al que musicalizaron después con otros compañeros, con ritmo de reggae. Abel también es cantante y compositor de “Sale 500”, la banda que ensaya en el CUSAM, y que ya tiene listo para grabar el hit cumbiero “Santa Eva”.
“Esto que escribí (en el libro) fue en el peor momento de mi vida. Volvía a estar en cana otra vez, había durado nada en la calle. Venía con un panorama negro de todos lados. No tenía nada y me ponía a escribir”, cuenta.
En la misma sintonía, Jorge Carrena le agradece a los talleres (no sólo el de poesía) porque le abrieron “una esperanza, un camino y fe para seguir adelante en algo nuevo”. Traía un estado de ánimo similar al de Abel: “También era uno de los peores momentos de mi vida y la poesía me brindó un nuevo panorama”. La escritura se fue convirtiendo en su “mejor aliada” y con el tiempo fueron descubriendo que existen diferentes modos de enunciar realidades: “A través de la escritura pudimos decir basta y denunciar muchas cosas que vivimos. Y genera alivio en uno mismo. Cuando empecé a escribir poesía quería decir un montón de cosas pero no sabía cómo, escribía pero no podía explicar lo que me salía. Fue muy liberador”, remarca Jorge. “Fue lindo participar de esta experiencia de escritura colectiva”, advierte, porque lo colectivo permite intercambio y discutir el sentido de lo que se escribe. “Eso es lo importante de estos talleres, que vienen a mostrarte el comienzo de la comunidad, de lo colectivo. El preso es individual ya de por si, al mango”, remarca.
Al principio, cuando Martin vino con la idea de publicar todos creyeron que les estaba tomando el pelo, recuerda Jorge, y evalúa que “salió algo bueno de todo esto. Este libro se lo puedo dejar a mis hijos. es una forma de cambiarles la mirada a ellos sobre lo que hacemos nosotros acá, y todo lo que van escuchando de uno. Les abrís una puerta, porque les haces entender que la educación sirve y te abre caminos”.

Abel refuerza lo que dice Jorge y aporta: “Está bueno mostrar estas cosas porque la sociedad en general tiene una visión de la cárcel distorsionada, que es la que le muestran los medios”.
Sabrina Piotti: “Pude viajar al mundo de la verdad sólo con la imaginación”
Por cuestiones burocráticas de permisos internos a Sabrina Piotti no la dejaron trasladarse a la unidad 48 donde nos encontramos con los demás autores, ni tampoco nos permitieron ingresar a nosotros en la unidad 47, donde ella se encuentra alojada. Pero nos comunicamos igual, y Sabrina expresó su “alegría enorme” por el libro y porque la editorial haya escogido su poema para la gráfica de la tapa.
El libro es para ella “el premio al esfuerzo”, porque a través de los años y de los talleres adquirió conocimientos que le permiten expresarse a través de los poemas, y se apropia del camino recorrido: “Esa virtud hoy en día está en mí”, reconoce.
La había invitado al taller muchas veces, y siempre se había negado, hasta que en 2019 empezó a participar, por curiosidad primero. Siente que al principio escribía “todo cursi” y “sin sentido”, pero ahora entiende y está de acuerdo con la línea de trabajo que Martín le proponía. “Me corregía para que sea lo que soy ahora: una poeta”, sentencia.
“Escribo lo que veo a mi alrededor y lo que quiero gritar lo hago escribiendo. Voy descubriendo el potencial que tengo y eso se lo agradezco a Martín porque mucho de lo que hoy soy se lo debo a él. Pude obtener conocimiento y viajar al mundo de la verdad con tan solo la imaginación”.
A Sabrina la noticia del libro la hizo llorar de alegría: “Sentí que había logrado algo junto con mis compañeros. Logré llegar con un libro a casa para mis dos hijos y mostrarles lo que su madre hace. Que el libro este en Paris, España, México es algo que jamás me lo iba a imaginar. Nada es imposible en la vida”.
Ángel Capodimonte y Martín Basualdo: “Me pueden sacar todo menos las palabras”
La búsqueda de los autores continúa, dentro del complejo penitenciario, y desembocamos en “las casitas”, como llaman al régimen abierto. Allí nos esperaban Ángel Capodimonte y Martín Basualdo.
Ángel considera que los talleres de poesía le ayudaron a sacar un montón de cosas que tenía adentro de la cabeza: “una vez que uno las saca ya no son más tuyas. A mí me sirvió muchísimo para liberarme de todas las locuras que tenía en la cabeza. Cuando vamos a los talleres no llevamos un fierro en la cintura, llevamos una lapicera y una hoja. Gracias a eso, y a Martin que nos abrió la cabeza y nos enseñó un montón de cosas, salió esto”.

Para Martín Basualdo, Larry, como lo llaman sus compañeros, esto comenzó en 2015: “Me pasaron cosas fuertes en el taller, en el sentido de ver la poesía de uno, tal magnitud, estar con el premio nobel al lado, felicitándote, escribiendo tu poesía para él, dedicándosela. Fue algo muy impactante ese día. Muy emocionante, como decíamos: ‘Nosotros nos vamos a ir pero la esencia queda’… me falta plantar el árbol, ya tengo el libro, la hija. ¿Quién dijo que de la cárcel no sale algo bueno?”
Ángel acerca una anécdota de cuando fueron a la Asociación de Poetas Argentinos (APOA): “Nos mezclamos. Tenía al lado mío un poeta de Colombia, había de varios lugares de América. En un momento se me cayeron las hojas y se me mojaron. Las empecé a pasar y el poeta que estaba al lado mío me vio que estaba escribiendo. Cuando la voy a leer me dice: ‘¿Me das el honor de que la lea yo?’. Escucharla en la voz de alguien que sabe leer, que sabe darle los tiempos, la pausa, a mí me llenó el corazón. Encima me pidió el teléfono y me puso: Ángel poeta argentino. No podía pasar por la puerta. Era un momento donde no me sentía preso. Me sentía un poeta, un tipo importante. Me pueden sacar todo menos las palabras”.
Larry conduce el programa “La palabra es libertad”, en Radio Mosquito a través del Instagram del CUSAM. A veces, comparte algún texto propio y vuelve a sorprenderse. “Uno es preso desde hace muchos años y se desahoga a través de una hoja. Contás cosas que decís ‘Uh! Esto escribí yo’”.
“Larry es el creador de: ‘¿Quién no dijo no? / Y el mundo se llenó de muertos’”, interviene Martin, para recordar un verso que había citado antes de entrar. Se emociona con estas palabras: “Es impactante. Creo que esa es la esencia de la poesía. Nosotros escribimos poemas y lo que escribimos está escrito. La poesía es lo que sale de abajo, lo que representa. No lo que escribimos”.
Larry hace hincapié en el rol que ocupa la universidad en la cárcel: “Si hay algo que le agradezco es que me saco del inframundo. La verdad que estoy más que agradecido con la universidad. Estar acá es como haber venido a un oasis. Llevo siete años alfabetizando a mis pares. Es muy loco encontrar pibes que no saben ni leer ni escribir acá adentro. Por más años que tengas poder escribir mamá, papá, conjugar las palabras, las vocales… lo básico. Nosotros a veces quedamos shockeados”
Para Ángel fue todo un orgullo llevarle el libro a la jueza, con una nota formal firmada por Inés, con la dirección de Francia. “Fui a revalorizar el taller de poesía. Se lo lleve para que me lo tome como estímulo educativo. Me tomó talleres de electricidad y de carpintería, porque tienen salida laboral, pero el de poesía no. Me dio diez meses y quince días por el estímulo educativo de esos talleres, pero restó ni un día de la pena por el taller de poesía. Entonces le mandé el libro, y le remarqué que la única salida laboral que voy a tener cuando salga es el libro, porque se está vendiendo en España, Francia y México: vale nueve euros con sesenta y seis centavos. Tienen que rever la situación con la poesía, porque si bien no vamos a hacer una pared con la poesía, la cabeza cambia”.
Todos enfatizan en que Martin les hizo cambiar su forma de ver la poesía, porque antes tenían el prejuicios de que sólo se trataba de versos de amor o desamor. “Nos apretó a otro nivel, a buscar otra cosa, la metáfora. Sacamos las rimas y cambiaba todo. Martin le ha hecho escribir poesía a gente que antes no sabía hacer la O ni con un vaso”, agradece Ángel.

Martin reflexiona sobre el oficio: “La poesía es una herramienta y cuando uno la experimenta abre caminos, abre puertas. La metáfora abre la cabeza, es un ir más allá de lo que dicen las palabras. El poeta de hoy no le habla a la belleza sino que denuncia las imperfecciones del mundo y ahí resalta la belleza. El poeta de antes le hablaba a la flor y el poeta de hoy le habla a la espina, para que resalte la flor”.

