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¡Feliz día de la corresponsabilidad ma/parental!

Hackear los mandatos de masculinidad es tan posible como desaprender los modelos de madre que todo lo puede y habilitar un espacio de crianza colectiva, compartiendo tareas hechas y deudas pendientes, pensando en clave de corresponsabilidad y redes de crianza. Hoy se celebra el Día del Padre, y es una buena oportunidad para levantar la voz sobre algunas cuestiones.

Cuidar es cosa de todo el grupo familiar, ampliado. ¿Pero es necesario que alguien dirija la orquesta? Si los modelos aprendidos en nuestra vidas y ficciones lograron fijar en nuestras almas la imagen de que las mujeres debemos reinar los hogares, con la conquista de las mujeres en los ámbitos laborales, públicos y callejeros se nos sumaron tareas sin ningún alivio. Y el desafío no puede realizarse de forma aislada. Necesitamos el compromiso de progenitores y varones de la familia en las tareas de cuidado. Y también necesitamos movimientos sociales que acompañen y politicas publicas transformadoras.

Hay sociedades que acumulan décadas igualando derechos en licencias para cuidar de hijes, desarrollando políticas laborales que contemplen la necesidad de conciliar entre el trabajo remunerado y el trabajo doméstico. En los países eslavos si alguien se queda en la oficina después de las cinco de la tarde está mal visto: ¿quién se cree que es? ¿un indispensable? ¿demasiado importante como para lavar los platos de su casa y gestionar la propia mugre?

En la Argentina estamos a años luz. En los trabajos, cuando es necesario llevar a las niñeces a la consulta médica está claro el permiso para la madre, ¿pero cómo reaccionan los entornos cuando es un varón el que pide permiso para ausentarse de su trabajo para cuidar? Sigue siendo hegemónico el varón que delega los cuidados en madres, tias, abuelas, hermanas, empleadas.

Foto : Obregón Eliana para Agencia Telam

Sin embargo, conocemos cada vez más familias que se plantean crianzas igualitarias, y seguimos notando también una abrumadora mayoría de mujeres agotadas, sobrepasadas. Florencia Sichel, autora del newsletter de maternidad y filosofía Harta(s), publicó hace poco un post donde relata una mañana en la que cerró la puerta de su casa, dejando a su hija llorando y al cuidado de su padre. Se fue a tomar un café. “Duró media hora y volví corriendo, me sentía tan mala madre que no llegué a disfrutarlo siquiera”, contaba. Sin embargo este hecho marcó un antes y un después.

Salir del rol de directora de orquesta habilitó un espacio para mostrar que las madres tampoco sabemos qué hacer, cómo resolver las cosas: también estamos aprendiendo. Es cierto que la lista de tareas es interminable, que millones de detalles siguen siendo invisibles y que es necesario explicitar los acuerdos: quién cocina cada día, quién pide los turnos médicos, quién se queda a cuidar cuando no hay escuela, quién llama a los cuidadores extra que son siempre indispensables. Pero más allá de los roles, funciones y tareas, se trata de compartir las dudas, de compartir el desconcierto.

Al final del día siempre vamos a encontrarnos con una montaña de pendiendentes, que justamente por los estereotipos de género, o por cómo se hayan acomodado los roles en cada historia de vida, pesan de forma desigual en los hombros de las distintas personas a cargo de los cuidados del grupo familiar: si falta llamar al plomero, si el dentista se fue de vacaciones, si las uñas del bebé dormido están largas o si hay una mala nota en el cuaderno de comunicados, estos pendientes pueden tener una carga subjetiva más o menos significativa para cada persona. La almohada lo sabe.

Pero por eso: una vez que hemos repartido las tareas, una vez que hemos configurado las alarmas y hemos enfrentado las resistencias de nuestros espacios laborales, gritando con convicción que cuidar de nuestros queridos es tan importante como una reunión con el jefe, una vez que todo esto está en marcha, todavía queda lo más importante: el espacio para charlar, para compartir y para abrazarse: lo estamos haciendo lo mejor que podemos.

Por último, pero no menos importante, es remarcar que estas sociedades modernas, capitalistas, urbanas, nos llevan a un estilo de vida donde los núcleos familiares se reducen, se aíslan. Criar en equipo, ser manada, compartir errores y dificultades, hace la vida mucho más bella.

Foto : Downes Florencia para Agencia Telam

En este Día del Padre, reivindiquemos esa red que no pregunta qué hacer, esa red que busca soluciones en conjunto y que trabaja en equipo, con amor. Qué vivan las madres que no pueden, qué vivan los padres que (también) se postergan para defender su derecho a cuidar, y la necesidad humana de ser cuidados.

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