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“Sacar discos es algo que me urge”
Salvador Volo es el alma mater, guitarrista, compositor y cantante de Crotox, una banda que él describe como “mutante” y que ya tiene cuatro discos editados. . Hace más de 10 años que recorre el camino de la música independiente, aunque aclara: “Hoy en día tenemos una banda estable, con Juan Moreno en bajo, Matías Sholand en batería y Daniel Genca en saxo”.
Entre árboles grandes y antiguos, en el barrio de Sáenz Peña, la suave luz del atardecer inunda la plaza Pastorino. Salvador espera sentado en un banco, bajo las ramas de un sauce llorón y convida un mate, queacompañará toda la entrevista, sobre el cuarto disco de Crotox, “Arreglos de Dios”, editado y presentado en julio, en el c.c. Arte y Vida en M. Coronado.
-¿Qué sería un Arreglo de Dios?
-Nosotros somos de tirar frases que repetimos constantemente como si fueran mantras. Arreglos de Dios, decimos cuando pasan cosas que salen de la galera y están buenísimas. El disco que venía grabando antes a dúo, toma un camino incierto de repente, y me encuentro con esas canciones ya grabadas, a las que les sumé algunos temas más, así tomó forma y poder, y se convirtió en este disco. Lo iba a sacar, eso ya estaba decidido, pero surgieron miles de Arreglos de Dios que fueron dándole color. Hay que estar contento con lo que hay y con los tiempos que corren, Crotox es eso: adaptarse a lo que pase para poder seguir, porque si te quedás con una estructura fija, en un momento muere.
-¿Cómo surgen las canciones?
Me inspiran las cosas fuertes, las aventuras, la naturaleza. Siempre con alguna crítica a ciertas formas de entender la vida. No son canciones de amor, o sí, pero de otro tipo de amor, no del amor romántico. Yo compongo cuando estoy de viaje; no me salen temas cuando estoy tranqui, reposera, haciéndome un asadito en casa. Crotox es viaje, por eso tiene ese espíritu, es viajero constante. En una semana me pintan un par de aventuras y me salen un montón de temas. Después no es que todo es real, pero eso es lo que inspira. Son ficciones, hay fantasías. Los temas cuentan historias.
-¿Cómo se produjo el disco? ¿Está financiado por tu trabajo en el subte?
– El disco es autogestivo, lo fui pagando a medida que iba a grabar. Toda la plata que tengo es de tocar la guitarra en la calle. Cada moneda que hago sale de ahí. Pero en algunos momentos que temblequeé, pusieron el bastón los muchachos de la banda. Hicimos dos festivales, en una casa que se iba a demoler para construir un edificio, el Corta Fierro Fest, y juntamos guita para terminar el disco. Eso fue un empuje importante. Nos llevó dos años terminarlo.
–“La salida a la sequia” es un tema que habla del artista callejero…
-Ese tema nace cuando estaba de viaje con un amigo en Oaxaca, México. Estábamos en un pueblo en el medio de la montaña y nos íbamos a hacer malabares. Yo tocaba con una guitarra criolla en una esquina y él tiraba cinco pelotas. Ahí le hice la canción. Primero era una aventura y después terminó siendo un tema de los artistas callejeros, pero surge de la aventura de ir a laburar bajo la lluvia, porque caía más la moneda. La primera parte del tema se remonta a ese viajero y después le compuse la segunda, que es un violero del subte. El tema no lo hice pensando en eso, lo hice mas pensando en la aventura. Pero eso está y sale, porque ya es parte de uno.
-¿Te da lo mismo tocar en la plaza que en Obras?
-No es que me dé lo mismo. Me gustaría, si llega estaría buenísimo, pero no hay que pensar en eso, ni anhelarlo ni nada. Hay que ir a ver a Obras a Las Pelotas y disfrutarlo. Pero querer ir a Obras a tocar, para mi es una mentira que nos comimos, un virus yanqui que queremos ser los Guns N’ Roses tocando con el estadio lleno, y te podés sentir frustrado. Nosotros por ahí somos más de la cepa de tocar rocanrol en la plaza y en lugares under. Igual me encantaría que a un montón de gente le guste mi música y poder vivir de eso. Pero es muy difícil para las bandas como la nuestra llegar a eso, es como que se da mágicamente, como un arreglo de dios sería.
-¿Sentís que es como una degradación del rock?
–Es como la vida misma, la pureza, el rock es parte de todo. Está toda la careteada y estamos nosotros, tocando y viviendo nuestra vida. Este disco tiene mucho trabajo, de mucha gente y hecho con mucho esfuerzo. Hay buenos temas, bien grabados. Queremos sacarle el jugo. Nosotros creamos este micro mundo, en vez de perseguir tocar en el Marquee, vender entradas y tratar de buscar la manera de estar ahí por renombre, nosotros vamos y tocamos en un centro cultural que está re bueno, tiramos vestuario, pintura en vivo, actuación, luces, tiramos un show como si estuviéramos en las grandes ligas, porque en verdad para mi esas son las grandes ligas, lo otro es una ficción, algo que nos metieron en la cabeza para tenernos llorando.
-¿No te interesa tocar en espacios que convoquen más gente para obtener una mayor difusión?
-Es difícil el acceso a una difusión mayor. Me puse a escuchar la Mega y hay bandas que están buenas pero hay otras que no lo podes creer… Acá en el barrio hay un montón de bandas que se rompen el lomo y son mucho mejores, las otras bandas son re Pomelo (personaje de Capusotto). Acá en Tres de Febrero está lleno de buenas bandas, acá en esta plaza hacemos el Chorreante Fest y todas las bandas que vienen, de acá del barrio o de la zona, están zarpadas. Bandas diferentes hay pero no es lo que se escucha.
-¿Cómo sigue Crotox? ¿Siguen presentando el disco?
-Ahora va a nacer mi segunda hija, Simona, y vamos a frenar un toque. Pero después la idea es presentarlo por todos lados a partir de octubre.
-¿Dónde ensayan?
-En la Chololosala, que es la sala que armamos en mi casa y donde ensayan otras bandas del barrio también, como Perno y Corona, La Pimpo. Mi hija tiene como quince tíos, tenemos mucha confianza, es hermoso encontrarte con cada uno que viene a la sala, no hay conflictos ni quilombos. Hay imantación, pero también el imán rechaza, el que es medio pelotudo sale volando. Acá en el barrio hay un montón de bandas, de familias musicales muy copadas, este mundo está explotando de amor, es un pimpollo largando un olor a flor tremendo.
Por Pablo Grande
Fotos Evelyn Schonfeld



