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Tamara Grinberg: “A partir de las imágenes comprendo mi propia vida”
La fotógrafa de Villa Maipú expuso en el Parque de la Memoria junto a Miriam Lewin, ganó una beca de estudios en Madrid y su trabajo oscila entre la producción periodística y la autoral. Hincha de Chacarita Juniors, nacida en San Martín es una de las voces de la fotografía contemporánea argentina
Por Facundo Nívolo

El camino hacia la imagen
Allá por el año 2016, en la casa de Villa Maipú, un amigo le prestó una cámara semi reflex y le mostró las fotos del norte: paisajes, retratos, colores. Al tiempo se anotó siendo la primera camada de la diplomatura de la UNSAM. Para las primeras clases, les pidieron que trajeran alguna inspiración que les hubiera influido para comenzar la fotografía y ella llevó las fotos de su amigo, mientras los demás estudiantes llevaron fotos de grandes artistas reconocidos. A pesar de no contar con cámara propia y valerse apenas de su celular, pudo concluir sus estudios, siendo parte de la primera camada de la diplomatura.
Se graduó como Profesora de Artes Visuales con Especialización en Grabado en la Escuela de Artes Visuales Antonio Berni, realizó la Licenciatura en Artes en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y en paralelo comenzó su formación fotográfica con la Diplomatura en Fotografía a cargo de Juan Travnik. Dicta talleres de Ensayo Fotográfico para grupos reducidos, especializándose en Talleres de Fotografía para niños y adolescentes.
“En las fotos siempre está tratando de mostrar una parte de vos”, cuenta una de sus mejores amigas. Al principio lo que podía ser una incomodidad, significó dejar un recuerdo de la situación más importante. Probablemente, uno de los trabajos de mayor extensión de Tamara se titula “Lilith” y narra las relaciones y la convivencia de un grupo de amigas. No cualquier grupo, sino su propio grupo de amigas, una forma de construir familia y de galvanizar el recuerdo.




En el corazón de la oscuridad
Su trabajo sobre el predio de la ex Fundación Felices los Niños fue uno de los que la catapultó al reconocimiento nacional. Entre 2016 y 2019, mientras trabajaba como docente de fotografía en las escuelas que funcionaban en el terreno que había pertenecido al cura Julio César Grassi, documentó un paisaje cargado de memorias siniestras.
“Era un momento de mucha tensión ir a hacer la foto”, recuerda sobre ese proceso. Su investigación reveló la dimensión sistémica del horror: “Me di cuenta de que había todo un sistema de abuso. Había una estructura que sostenía el abuso.” Su decisión de no incluir gente en las fotos fue deliberada: buscó “un registro que no solo respondiera a una denuncia de un caso, sino a la concientización simbólica social”.
Después de un arduo proceso en el que enfrentó diversas negativas para exponer su trabajo, finalmente encontró apoyo en el Parque de la Memoria. Por este trabajo, en 2022, recibió una beca para estudios avanzados en la Escuela Universitaria de Artes TAI en Madrid, donde cursó una maestría en Fotografía Artística y Documental.
Un universo de vínculos
Hoy, Tamara Grinberg —que se presenta como “la Colorada del Mal” en su web y redes sociales— es una artista cuyo trabajo oscila entre la producción periodística, la autoral e incluso la experimentación con inteligencia artificial. Su casa en Villa Maipú alberga pilas de libros de fotografía de autores japoneses y un cuadro de Diego Maradona pintado por otra artista sanmartinense de apellido Polledo, quien además, es una de sus mejores amigas.
En su casa, pasillo de cemento antiguo, se abre paso un patio de no más de cuatro metros por cuatro. Allí una pelopincho azul que llega hasta las rodillas puede ser el punto de encuentro para un verano que puede tener un asado en cocción, pero también el laboratorio donde Tamara sigue concibiendo imágenes. Entreverando la memoria personal con la colectiva, la intimidad con la denuncia, lo barrial con lo cosmopolita.


