Su escrito modula entre el amor al fútbol, a Juán Roman Riquelme y la pérdida de…
8 DE MARZO: La hora de las grandes políticas públicas
Todas las personas que hoy nos manifestamos o adherimos al paro hemos crecido en los últimos años a pasos agigantados en nuestros niveles de conciencia sobre las injusticias y crueldades que nos han tocado atravesar en nuestras vidas, situaciones a las que nos seguimos enfrentando cada día.
Crecimos en niveles de conciencia, de indignación y de organización colectiva. Como resultado, elaboramos nuevos conocimientos, fundamentales para el diseño y la implementación de políticas públicas que nos acompañen en la disputa de poder para alcanzar la igualdad efectiva, de oportunidades y derechos. Igualdad que de ninguna manera puede ser sólo un discurso de campaña o frases oportunistas para las cámaras, debe ser una decisión política que impacte tanto en el presupuesto como en dispositivos que trabajen la prevención, el acompañamiento, asesoramiento y contención de las violencias.
La tan reclamada “reforma judicial feminista” no es una consigna vacía. Hoy por hoy, la responsabilidad sobre el avance de las causas judiciales recae en los hombros de las víctimas, personas en situación de violencia que se ven obligadas a contar una y otra vez los antecedentes de agresiones y delitos cometidos contra sí mismas.
No sólo nos vemos sometidas a múltiples revictimizaciones, sino que se nos pide algo imposible. ¿Cómo podemos tener ordenados esos papeles inentendibles que comprueben cada trámite cuando estamos durmiendo con el enemigo?¿Cómo pueden pedirnos prolijidad cuando apenas tenemos un hilo de voz para pedir ayuda, cuando nos acostumbramos al temor y seguimos creyendo que es amor romántico aquello que me daña?
Seguimos siendo víctimas de un estado bobo: en la era de las bases de datos, no se ha desarrollado la tecnología de la información necesaria para que una comisaría, una fiscalía, un juzgado, una dirección de género, pueda acceder a los documentos que nuestras circunstancias nos impiden precisar.
¿Cuántas veces debemos accionar el botón antipánico para que dejen de preguntarnos si instamos a la acción penal? ¿No puede un equipo profesional evaluar nuestro nivel de riesgo?
Cuando estamos presas de la violencia nos es imposible trazar una línea de tiempo que relate racionalmente un conflicto de naturaleza circular: no podemos avanzar solas.
Necesitamos compromiso de toda la socieda2d para transformar este drama estructural: las escuelas, el sistema sanitario, los medios de comunicación, las redes comunitarias, el poder judicial y las fuerzas de seguridad.
¿El miedo es el medio?
Con la noticia de la reciente violación grupal latente en las pantallas, el debate de la perspectiva de género en los medios de comunicación vuelve a ponerse sobre la mesa. Si bien celebramos que, en este caso, la identidad de la víctima haya sido preservada, el abordaje que siguen teniendo ciertos medios de comunicación deja mucho que desear.
Durante 2021, desde la Red de Medios Digitales en articulación con diputadas nacionales y la Fundación Micaela, se conformó una mesa de trabajo donde se desarrolló un proyecto de Ley Micaela en los medios. Este texto proponía llevar adelante una serie de capacitaciones constantes sobre el abordaje responsable de la información con perspectiva de género. El proyecto perdió estado parlamentario, pero lo que no perdimos es la voluntad de transformar hasta el último lugar, y más ahí donde nuestros derechos se ven vulnerados.
La lucha de los transfeminismos y el camino recorrido nos muestran que no podemos dar ninguna batalla por perdida. Necesitamos que los medios de comunicación y quienes los integran aporten a la construcción de una sociedad más justa para todas y todes. No podemos seguir naturalizando titulares como “la fanática de los boliches”, que justifican la violencia y hacen responsables a las víctimas, como un nuevo “algo habrán hecho”. No seremos cómplices y promotores de la revictimización y estigmatización de quienes sufrimos la violencia desde siempre.
Seguimos en peligro
Necesitamos protección, Justicia y Memoria.
Necesitamos trabajo digno, porque sin independencia económica la violencia se naturaliza y se esconde.
Necesitamos reconocimiento para las redes de cuidados comunitarios, que nos permiten salir a trabajar.
Necesitamos que se ponga en valor la tarea de las promotoras comunitarias que acompañan cada historia como si fuera la propia, que tienen paciencia, que alojan con amor, que escuchan y explican las veces que sea necesario.
Necesitamos que se siga avanzando con la implementación de la Ley Micaela en todos los ámbitos, sensibilizando, y repensando estrategias y dinámicas diferentes. De forma permanente. Hasta que podamos vivir una vida libre de violencias.

