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Un comienzo sin final

Fotografías y texto de Valentina Vignardi

En algún punto de este encierro -ahora no puedo definir cuándo- vi una película sobre una fotógrafa alemana que viaja sola a vacacionar a Marsella. La mujer deambula por unas calles que le son desconocidas y extraños le hablan en un idioma que a duras penas maneja. Su estadía es monótona, aunque cierto encuentro parece esperanzador. Pero su historia queda ahí, sin conclusión: la película hace un corte y sus escenas son reemplazadas por las de otros personajes. La protagonista desaparece como si nunca hubiese existido. El final de ese inicio nos es -a ella y a nosotrxs- arrebatado prematuramente.

Mientras recuerdo ahora esta película, con mi pesada computadora que se calienta preocupantemente sobre mis piernas,  considero bastante cómodo ese viraje narrativo. Observando ahora esta página en blanco que recién comienza a llenarse, se me ocurre que mi “ensayo” -este texto que les comparto- podría hacerse del mismo método: solo dar comienzo a una promesa que luego queda trunca, flotando en el aire, a fin de quitarle una considerable cantidad de peso a esta tarea de escritura que tanto me cuesta darme. Un inicio inconcluso, como el de esa mujer que se nos escapa entre los dedos y desaparece de su propia vida. Quizás, tal como desaparecimos nosotrxs mismxs de nuestras vidas o nuestras vidas de nosotrxs al comenzar este tan duro año que parece transcurrir eternamente.

Entonces, ya mentalizada para escribir una reflexión que no tendrá conclusión alguna -lo que debo admitir ya me reconforta- me decido entre dos posibles orientaciones para estructurar el contenido de este escueto “ensayo”. 

El primer posible enfoque es el siguiente: la escritura de algo personal. Algo sobre la piedra en el pecho que significa cargar con el peso de la angustia -aunque la casa esté llena de gente todo el día-; algo sobre habitar los mismos espacios a toda hora, una y otra vez, hasta ya agotarlos por completo; sobrellenar el vacío de las largas horas con un contenido que se reproduce incesantemente frente a los ojos ya estupefactos y cansados.

Escribiría también sobre mi abuela -sujeto estelar de casi todas mis fotos- y sobre el polvo que se levanta en su casa y puede verse con ayuda de la luz que irrumpe a través del vidrio de las ventanas; sobre las manchas en el forro que recubre su almohada, el cual cambio una vez al mes cuando voy a hacer su cama ya que su peso es realmente insoportable y se requiere un poco más de fuerza.

También sería pertinente dedicarle unos párrafos a la convivencia extendida, obligada. Un confinamiento compartido que deviene en desgaste, agotamiento, y también un poco de simbiosis, claro. Alguna línea sobre cómo se gasta la energía de hacer tan poco y cómo los cuerpos se atrofian y nos visitan dolores desconocidos, inéditos, mientras otros viejos vuelven para exacerbarse.

Ya un poco transpirada por el calor de la época, además del que aporta el motor de mi computadora que me enrojece la piel, releo la primera posible versión de mi reflexión, la primera orientación de arriba, y termino por considerarla demasiado blanda. Entonces, procedo a detallarles la segunda idea que comenzaría con una caracterización política del estilo: “asistimos a una crisis histórica que dejará enormes secuelas de todo tipo… etcétera, etcétera.”

En esta versión no hablaría de mí y de mi encierro motorizado en base a películas y redes sociales, sino del mundo que se desmorona afuera; del peso puesto sobre la figura heroica de quienes aceptan y se adaptan al encierro que se proponen estos días; sobre las caras que encontré en la calle durante breves jornadas de caminatas, cumpliendo consignas de la escuela.

Pero el texto termina acá.

Este ensayo forma parte de la segunda edición de «Donde los pies pisan», la sección de Foto Reportajes de Zorzal Diario.

Valentina Vignardi, oriunda de San Martín, estudia actualmente fotoperiodismo en arGRa. Ocupa su tiempo viendo y pensando el cine y, como puede leerse en el texto, le gusta dar inicio a nuevos procesos en su vida y abandonarlos: comenzó a estudiar algunas carreras sin mucho éxito. 

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