SILLAS VACÍAS EN LAS FIESTAS: FAMILIAS DE SAN MARTÍN EXIGIERON EL FIN DE LA VIOLENCIA EN SUS BARRIOS
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La Diplomatura de Género, Ambiente y Territorio del proyecto Migrantas en Reconquista tuvo su cierre el jueves 27 de octubre en el Teatro Tornavías de la Universidad Nacional de San Martín. Participaron de la ceremonia Ana María Lois, vice rectora de la UNSAM; Ariel Winkies, Decano de la Escuela IDAES; Lalo, referente de los barrios populares y Natalia Gavazzo, madre del proyecto Migrantas en Reconquista, quien aseguró que el final de la diplomatura y del proyecto “cierra un ciclo de aprendizaje, pero abre nuevos futuros”.
El proyecto Migrantas en Reconquista nació hace cuatro años de la mano de IDAES -UNSAM y organizaciones civiles y sociales que buscaban reunir y contar las historias de las Migrantas que viven en toda el área Reconquista del partido de San Martín. La diplomatura formó parte de ese intercambio de saberes entre las mujeres de los barrios, profesoras, investigadoras y presidentas de las organizaciones barriales más antiguas del partido.
El jueves 27, treinta y cinco mujeres y un compañero del barrio se encontraban en el predio Tornavías de la UNSAM para recibir el diploma de aquel viaje que les planteó compartir y producir estrategias socioambientales para fortalecer los derechos de las mujeres trabajadoras migrantes en la cuenca del río Reconquista de San Martín. La jornada estuvo cargada de emociones, vitoreos, abrazos, festejos y música.
Esa tarde casi noche el teatro estaba lleno. Las primeras filas de sillas estaban ocupadas por las egresadas, al fondo sus familias, amigos y amigas presenciaban emocionadas. Desde la cocina ya se podían oler las comidas típicas de Perú, Paraguay y Bolivia. En la entrada del teatro, y al lado del escenario, se exhibían las Venus de arcilla, uno de los talleres y vivencias que se sucedieron durante el proyecto Migrantas. Inés Lorente, una de las egresadas y profesora de los talleres de arcilla, explicó que ella nunca pensó que “las mujeres se podían copar tanto con esa situación, con mostrarse ellas tal cual como son porque acá no había cuerpos perfectos, teníamos nuestros roles, nuestras cicatrices internas y externas que también se tenían que mostrar y veníamos a mostrar también nuestras emociones en las esculturas y ahí salieron muchas cosas muy emocionantes”.
Con su título en la mano Inés aseguro que: “El espíritu de Migrantas pasó por el barro y fue intenso… nunca me voy a olvidar de esto, creo que va a haber otras situaciones, pero nunca me voy a olvidar de ésta porque fue muy importante, conocí mucha gente gracias a la arcilla y me dio mucha satisfacción”.
La Diplomatura en Género, Ambiente y Territorio abrió las puertas al intercambio de saberes, pero no sólo entre profesoras, alumnas y el área Reconquista, sino también entre las mismas mujeres compañeras que se conocieron dentro del aula de la universidad. “Conocí un montón de compañeras acá en la diplomatura y la verdad es que hicimos un grupo tan grande… hasta formamos una cooperativa”, cuenta entre risas a Zorzal Diario Erica Recalde. “Armamos algo tan lindo y tan grande que lo que más me llevo es eso. Es una oportunidad que nos dio Migrantas a todas las mujeres que participamos del proyecto y que venimos del área Reconquista porque para nosotras es un sueño que nos abran las puertas desde la universidad y encima para que nosotras traigamos nuestras experiencias. Por eso lo de Migrantas fue distinto, fue mágico, porque nos dio la oportunidad de traer nosotras nuestros conocimientos desde el barrio a la universidad y no al revés que es como suele pasar, fue una experiencia única”.
La felicidad de las chicas se notaba desde la entrega y la foto final, al grito: “otra, otra”, porque sí, ya están pidiendo otra diplomatura en medio de las risas, los abrazos y la emoción. Para todas fue una experiencia nueva que les abrió caminos y nuevas compañeras. Además, el mismo proyecto es una propuesta de investigación-acción-participativa que no sólo desemboco en festivales, libros, talleres y la misma diplomatura, sino que también le abre las puertas a las Migrantas más jóvenes.
Daniela Baez tiene veinte años y vive en el barrio 8 de mayo. Ella había empezado una carrera en la UNSAM, pero la dejo porque le daba “fiaca”. Cuando empezó la Diplomatura de Género, Ambiente y Territorio todo lo que quería hacer era seguir yendo. “Me encantaba venir. Participaba y hablaba, cosa que cuando venía a la facultad no me pasaba y eso me gustó porque quería participar y seguir aprendiendo”.
Al igual que Inés, Erica y el resto de sus compañeras lo que más se lleva Daniela es el intercambio y la experiencia de lo comunitario: “Pude conocer la historia de todas las chicas, como se organizaron en el barrio desde cero hasta todo lo que hay hoy. Me ayuda mucho también a mí que recién estoy empezando. Aprendí un montón de ellas y puedo ponerlo en práctica”.
Las egresadas de la diplomatura volvieron esa noche a sus barrios con un título debajo del brazo, pero lo que más se llevan de la experiencia no es lo trabajado dentro del aula, sino el intercambio y el conocerse entre ellas. Aún así Migrantas en Reconquista todavía no termina, el equipo audiovisual del proyecto está preparando un documental acerca de todo lo que significó Migrantas y que nos mostrará un poco de ese intercambio de saberes a través de las voces de quienes lo vivieron.
