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Cooperativa Las Casitas: escribiendo sueños

La cooperativa de encuadernación “Las Casitas” nació como un sueño durante la pandemia en el Centro Universitario San Martín (CUSAM) de la Unidad 48 del Centro Penitenciario de José León Suárez. Matías Barrios, Juan Alcaraz, Daniela Borda, Natalia Martínez, Pablo Ramos y Sabrina Piotti son algunas de las personas que la conforman. Iniciaron su capacitación en encuadernación en los talleres formadores del CUSAM. En marzo de 2022, el proyecto obtuvo la matrícula y se convirtió en cooperativa. Hoy, un año y dos meses después, la cooperativa ya tiene cuenta bancaria, cbu, talleres de formación y proyectos por venir. Ésta es la historia.

Foto : Evelyn Schonfeld

Matías Barrios ingresó a la Unidad 48 en 2017, después de pedir un traslado porque quería anotarse en la carrera de Sociología. “Cuando llegué ya había pasado el momento de la inscripción así que me dieron distintos talleres, me preguntaron en qué me quería anotar… y ahí opté por el taller de encuadernación. En 2018 me metí de nuevo porque me gustó bastante, y en 2019 también”. En 2020 Matías entró en el régimen abierto, que es, en muchos casos, el último paso antes de salir en libertad. “Nos encontramos en las casitas (así llaman a los espacios donde habitan quienes están en este régimen). No había actividad en el colegio, no había actividades de nada y allá nos fuimos cruzando con distintos compañeros de la universidad, de CUSAM, que estábamos estudiando adentro. Y justo dio la casualidad de que fuimos a la misma casa. Estaba Diego Tejerina –quien es coordinador del pos encierro de la Universidad, y Sociólogo graduado de CUSAM–, y nos pusimos a pensar, a ver qué íbamos a hacer… no teníamos visitas, la familia llegaba y nos dejaba la mercadería, y después estábamos todos los días sin nada qué hacer”.

En ese momento Matías ya tenía tres años de talleres de encuadernación en su haber, y en el afán de tener actividades y restaurar las aulas vacías del colegio, él y Diego comenzaron a organizarse. “Soy amigo de Leonardo Astrada y pensé que tal vez, si le preguntábamos, nos daba una mano y nos compraba cuadernos. En ese momento no teníamos herramientas, materiales, nada. Así que bueno… hablo con Leonardo, y le digo: ‘Mirá, estamos acá en el colegio, está todo gris, no está pintado nada y la verdad queremos hacer algo. No tenemos visitas ni nada y queremos ocupar la mente en algo, construir algo, hacemos unos cuadernos que son tapa dura, necesitamos alguien que invierta para hacer una tirada y poder hacer la venta’.  Y me dijo: ‘Yo te los compro, ¿a cuánto?’, y me encargó 100 cuadernos”. Ese fue el primer encargo de Las Casitas.

Foto : Evelyn Schonfeld

“Empezamos a dar el taller de encuadernación junto con la UNSAM: nos fueron ayudando, nos fueron trayendo materiales. Éramos seis en la casa, y les dije a los chicos que estaba la propuesta de la venta de los cuadernos y que si querían yo les enseñaba cómo teníamos qué hacer”, explica Matías. “Esa vuelta pintamos todas las casitas, el que se quería acercar era para pintar el colegio y todas las aulas. Y empezamos a pensar, a decirnos ‘mirá todo lo que estamos logrando ¿no?, todo lo que nosotros estamos haciendo’. Y ahí surgió el tema de armar una cooperativa. En ese momento escuchábamos de afuera ‘che, se están armando cooperativas acá, allá’. Y dijimos ‘nosotrxs que estamos en esta última etapa acá en las casitas, ¿por qué no podríamos armar un grupo y sacarlo afuera? Y cuando salgamos podemos empezar a trabajar en una cooperativa, y pensar en la fuente de trabajo’”.

Páginas en blanco: la escritura del proyecto

El proyecto de Las Casitas salió primero en el proyecto Gestionar Futuro en octubre de 2021. “Lo llevamos a la universidad, al CUSAM… Fuimos trabajando con distintos personas privadas de su libertad de las unidades 46, 47 y 48, y éramos veinte personas participando en armar este proyecto para afuera”, explica Matías. “Nosotros afuera no teníamos a nadie de confianza que pudiera generar y empezar a comprar máquinas, encontrar el espacio físico y todo eso. Así que pasaron las fiestas, ahí paramos un poco y ya en 2022, el 18 de febrero yo recuperé la libertad”.

“Lo primero que generamos fue la SUBE. Por ejemplo, vos te ibas en libertad y la cooperativa Las Casitas te daba una SUBE para que vos te acerques con una carga de $500”, cuenta con orgullo Juan Alcaraz, otro de los integrante de la cooperativa. Y reflexiona sobre ese tratamiento en el penal: “Si no tenés para viajar y mañana te dan la libertad ¿qué vas a hacer? Siempre tiramos para arriba, siempre pensamos que el proyecto iba a seguir adelante, porque es algo bueno. Es algo que yo salgo y vamos de acá para allá, y después yo me voy contento porque sé que estoy haciendo algo bien”.

Juan quedó como coordinador del taller de encuadernación dentro de la Unidad y, en libertad, Matías comenzó a buscar un espacio físico para armar el taller. Varios profesores del CUSAM ya estaban hablando con distintos colectivos y así consiguieron un espacio en América Mestiza, en el barrio Lanzone. “Nos quedaba medio trasmano –explica Matías entre pequeñas risas– porque estaba muy al fondo, pero empezamos a comprar las cosas, la cizalla, la guillotina, empezamos a comprar insumos y también había parte del dinero que era para hacer formación”.

Matías siguió coordinando un taller de encuadernación en América Mestiza: “era todo pago porque el proyecto era que compremos todos los insumos y que la gente venga y no tenga que pagar nada. Fui dando el taller y con ese dinero del proyecto me pagaron a mí. Y Juan gestionaba y coordinaba el taller adentro (del penal)”.

Además de sostener la producción y la formación, y de buscar el espacio físico, también feriaban con sus cuadernos. “Trabajamos en conjunto con los de adentro, del régimen abierto. Producían y nos mandaban los cuadernos para que esto crezca afuera. Apoyaban el proyecto desde adentro, querían que creciera el proyecto afuera e invertir”.

Las ferias las coordinaban con Natalia Martínez, quién había estado en la Unidad 46 y que se recibió en la diplomatura de Gestora Cultural del CUSAM. Natalia recuperó su libertad en diciembre de 2021 y se enteró del proyecto de ‘Las Casitas’ a través de los profesores. “Dije que sí y me sumé al proyecto en febrero de 2022”. Natalia cuenta que la primera vez se juntaron en la plaza de San Martín: “Ahí estaban haciendo feria y en ese momento empezó toda la rueda de juntarnos, de buscar un lugar para hacer la producción. Después nos empezamos a turnar para ir a la feria. Porque lo que se pagaba era el día de feria, hacíamos un jueves cada uno para tener un ingreso… poco o nada, pero todo servía para volver a estar bien. Y bueno, de ahí nos fuimos juntando”.

Foto : Evelyn Schonfeld

Durante los primeros meses los cuadernos se seguían haciendo dentro del penal porque la cooperativa no tenía aún espacio físico. Después de un tiempo se cruzaron con la municipalidad de San Martín para contarles sobre el proyecto: “Les hablamos de la formación en América Mestiza, les contamos del proyecto y les dijimos que queríamos entrar a la municipalidad”, explica Matías. Gracias a esas reuniones ‘Las Casitas’ tuvo un espacio físico en el edificio del Centro para el Desarrollo Productivo San Martín Emprende.

Ya con el espacio y con la recuperación de la libertad se fueron sumando más compañeros y compañeras a ‘Las Casitas’. Daniela Borda tuvo los primeros encuentros con los chicos por zoom. “Producían desde el régimen abierto, los vendían, iban, venían. Yo salí en libertad un mes después que Matías y me comentaron de la coope, vine acá y vine un par de veces más mientras estaban trabajando y de a poquito me fui sumando”. Pablo Ramos, por su parte, conoció a Matías y a Juan en el régimen abierto durante 2021. “Me comentaron que estaban armando la cooperativa y yo les dije que me faltaba poco para recuperar la libertad y me dijeron que el día que saliera, si quería que me sumara. Después conocí a Nati, a Dani… Me enseñaron, me dieron un curso de cooperativismo y ahora hoy en día estoy acá gracias a ellos”.

Sumar Hojas

Durante el último tiempo a ‘Las Casitas’ también se fueron acercando compañeros y compañeras de distritos más alejados. “Cuando vienen les preguntamos qué taller tienen hecho, a ver en qué podemos darles un lugar. Porque cada uno tiene diferentes formaciones”, explica Nati.

“Hay chicos que vienen de Moreno, de San Miguel y de Pilar. A nosotros que vengan de tan lejos nos muestra que esto está creciendo y también está creciendo el panorama de aquel que sale del penal y que se acerca. Tratamos de sostener entre todos y también de darnos una mano entre todos”.

Durante todo este trayecto la cooperativa ‘Las Casitas’ no sólo se sostuvo a sí misma sino que también contó con el apoyo del CUSAM. “Desde que salimos en libertad nosotrxs tuvimos siempre un acompañamiento, los profes del CUSAM, los que coordinan… La verdad estamos agradecidos por ese acompañamiento porque nos iban guiando un poco, tramitando también en ventas, en reuniones, en charlas que fueron acompañadas por la universidad”, explica Matías.

“Se acercaron muchas personas que recuperaron su libertad, algunos consiguieron trabajo en otro lado, están trabajando en otra cosa y otros nos fuimos quedando porque esto fue creciendo. Para nosotrxs, digamos que la idea era generar trabajo. A medida que íbamos saliendo íbamos gestionando el Potenciar trabajo con varias organizaciones y nos íbamos acercando, porque en realidad cuando salimos no sabíamos para donde ir. Y fue gracias al acompañamiento que nos fue guiando”.

‘Las Casitas’ se fue armando con el tiempo y los y las compañeras fueron dando talleres de encuadernación en diferentes lugares: en la municipalidad, para la universidad, para juventudes y cooperativas.

Matías cuenta que ahora también “estamos dando talleres de cooperativismo en distintas cooperativas. Porque nosotros tratamos de no dejar a nadie afuera y queremos que todxs los compañerxs puedan formarse. Nosotrxs nos vamos formando en cooperativismo y después vamos y damos el taller”.

“Las Casitas”, el emblema

En el marco del crecimiento del proyecto y la cooperativa, Lalo Paret explica que ‘Las Casitas’ “es un emblema por haber sido creada por estudiantes del CUSAM, porque en la cárcel se extrema el individualismo, vos te tenés que cuidar de todo, de la policía, del pabellón, del patio… Entonces es muy difícil que en ese contexto surja un planteo colectivo. Claramente es casi imposible que a alguien se le ocurra pensar algo en común. Sin embargo, en el CUSAM eso pasó y de alguna u otra manera esas categorías se fueron resignificando y se siguen resignificando y a eso podés sumarle esta situación de que Las Casitas fue creada por estudiantes del CUSAM, y entonces lo que sucede es que te encontrás con la posibilidad de modificar un destino”.

Lalo afirma que esto “se resignifica en el marco de la libertad y de sostenerse entre sí, porque es ese el valor más importante que se da en las cooperativas; es que el sujeto que recupera su libertad en muchas ocasiones está muy muy solo. Estos espacios permiten construir una contención, y eso tiene un impacto muy potente ”.

Por eso el INAES cumple un rol fundamental. “No es casualidad que hoy justamente el presidente del INAES haya sido uno de los fundadores del CUSAM”, explica Lalo. “Alex Roig fue uno de los primeros profesores, siempre estuvo atento al proyecto que llevamos adentro de la cárcel y ‘Las Casitas’ es como un sueño superador, porque que vos o cualquier parte de la sociedad venga y encuentre que acá están trabajando en darse una gran oportunidad a sí mismos, más allá de todo el acompañamiento que ellos reconocen y que, sin ninguna duda está, es muy movilizante. Porque hay que sostener esto todos los días. Y lo sostienen ellos”.

“‘Las Casitas’ representa que, en realidad, existe esa voluntad permanente en el pueblo argentino y, sobre todo, en los sectores más humildes, de construir sus propias posibilidades”, finaliza Lalo.

Foto : Evelyn Schonfeld

Hoy la cooperativa ‘Las Casitas’ tiene un proyecto en conjunto con la Cooperativa Norte, una empresa recuperada que fabrica libretas y cuadernos. Ambas se sumaron a un proyecto de INAES y ahora comenzarán a producir cuadernos universitarios, anillados, de tapa blanda y tapa dura. “Ahora vamos a estar trabajando en un sector de la Cooperativa Norte”, cuenta Matías. “La idea es entrar al mercado y ver como salen los cuadernos… Empezamos en marzo de 2022 y un año después ya logramos todo esto”, cuenta con orgullo. “Estamos muy contentos, fuimos creciendo poco a poco, y así queríamos contar la historia”. 

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