- El problema es que hay más espacios fitness que bibliotecas- me dice Paula. - Puede…
38 Encuentro plurinacional MLTTBINB: Desde el Xibi xibi al Paraná ruge la sangre de la mujer Argentina.
Corrientes fue la sede del último Encuentro Plurinacional MLTTBINB. Un Encuentro que levantó la foto de Loan, que denunció las redes de narcotráfico y proxenetismo del Estado y de sus acreedores.

Subo a un Uber para volver a mi ciudad y le pregunto al chofer:
—¿Y cómo está el laburo?
—Bien, por suerte, trabajando mucho —me dice.
—¿Y cómo se sintió el Encuentro de mujeres?
—Bien… mucho trabajo, porque ninguna se queda quieta.
Pensé sin decirlo: así es la mujer del gran pueblo argentino, no sabe quedarse quieta.
Evita lo entendió antes que nadie: “Las mujeres del pueblo somos la levadura de la patria: cuando nos levantamos, todo un país crece”.
En Corrientes, el sol naciente se estira sobre el alto Paraná; nace como las mujeres del arcoíris. Ese mismo sol descansa después en Chaco, donde aún late la memoria de las que ya no están.
Miles de mujeres volvieron a movilizarse para reconocerse en los ojos de las otras y mirar, juntas, un futuro posible.
Las mujeres guaraníes correntinas llevan en su ajayu la herencia de las mejores navegantes de Suramérica. Con sus canoas, siguen atravesando los obstáculos de la vida.
En los talleres sindicales de prensa se debatió cómo regular al gran monstruo contemporáneo: las plataformas que ordenan la vida, que definen qué vemos y qué pensamos. Plataformas que se arrogan el derecho de decir cómo son las mujeres, qué desean, qué deben consumir. Plataformas que, en los streams, imaginan dónde vivimos, qué comemos y hasta que sentimos. Plataformas que prometen un futuro sombrío para las niñas y jóvenes.
Las distancias dentro de la ciudad fueron enormes porque el gobierno de Corrientes se negó hasta el último minuto a entregar las escuelas para el funcionamiento del Encuentro, que ya lleva 38 ediciones. El objetivo fue evidente: evitar que se viera el deterioro edilicio de las escuelas correntinas.
Desde que pisamos el Encuentro, cuidadas por la luz de las que no están, supimos que el próximo debía ser en la Ciudad de Buenos Aires. El poder político no puede seguir desconociendo nuestras demandas. Nosotras —y nuestras familias— no podemos esperar a que la olla se llene sola.
Sin embargo, y pese al trabajo valiente del feminismo argentino, este Encuentro dejó un sabor amargo: la manipulación del aplausómetro. La burocracia del PCR, una vez más, boicoteó la movilización hacia el centro del poder político y logró imponer a Córdoba como próxima sede. Es el mismo método heredado por el feminismo liberal que alguna vez juzgó a Evita por impulsar el voto femenino; el mismo que hoy intenta blanquear nuestro territorio.
Pero pronto no van a poder tapar el sol con las manos.
Y cuando la Ciudad de Buenos Aires sea finalmente la sede, se verá inundada por la fuerza más poderosa de este país: las mujeres.
Por Ayelen Granero
