SILLAS VACÍAS EN LAS FIESTAS: FAMILIAS DE SAN MARTÍN EXIGIERON EL FIN DE LA VIOLENCIA EN SUS BARRIOS
Hay al menos 38 muertes contabilizadas hasta el último día del 2025, todas relacionadas con violencia…
Se llama María Victoria Olalla, pero todos le dicen “Negra”. Conduce el gremio de Obreros Textiles de San Martín y la regional de la CGT, y cuenta con 32 años de militancia. A favor de la legalización del aborto, pero en contra de las leyes de cupo femenino -porque operan como “techo”-, cuenta orgullosa que ninguno de sus colaboradores supera los 45 años: son su “semillero”. Lamenta ser la única mujer que conduce un sindicato de alguna rama productiva, y reclama para las mujeres espacios de decisión y ejecución.

Rodeada de imágenes de Perón, Evita y Francisco, recibió a Zorzal Diario en su oficina, a pesar de haber estado la noche anterior hasta las 3.30 de la madrugada en una asamblea en una fábrica por el anuncio de despidos. Había mujeres de 40 y 50 años que se sentían mal físicamente, se les revolvía el estómago de saberse despedidas. Llamaban por teléfono a sus familias, desesperadas.
Ya son 18 mil los despedidos en toda la cadena productiva textil del país. En San Martín, el padrón es de 6.900 obreros y obreras textiles en 425 fábricas. Los detalles del caso de Meily grafican una idea central que transmite Olalla: los despidos no son una idea de los patrones, sino que son producto de la política económica del gobierno nacional.
“Es la única empresa que tiene la matrícula de Disney en toda la Argentina. Esta fábrica se llama Meily y acaba de despedir a 20 trabajadores. Hacen guantes, medias, bufanditas para niños. Esta empresa empezó a importar zapatillas. Como tienen la matrícula, pueden importar las zapatillas de los países del sur asiático. Entonces, te ponen dos o tres compañeras que no tienen la culpa, que son compañeras trabajadoras, te las sientan en una oficina de dos por dos con una computadora, te armás un call center en dos minutos, y te bajan doscientos o trescientos container en el puerto de Buenos Aires con mercadería de China, de Japón, de Indonesia, de Malasia, de Brasil. Este empleador lo hace porque este gobierno liberó las importaciones desde el minuto cero que asumió. La gran cantidad de importación que está impactando en la República Argentina deja sin trabajo a miles y miles de trabajadores. Lo mismo pasa en muchos gremios hermanos, pero los más afectados somos nosotros de la industria textil”, explica Olalla.
“Las industrias textiles de acá no pueden competir con el mercado extranjero, porque la mercaderÍa viene a precios irrisorios. No pagan matrícula, no pagan un carajo, esa camisa, ese pulóver, ese jean, las medias, sábanas, cortinas, toallas, todo viene con mano de obra esclavizada, donde esos trabajadores del sur asiático no tienen obra social, no tienen fondo por desempleo, no tienen salario a través de convenios colectivos de trabajo, no están sindicalizados, no existen. Son esclavos de la producción asiática. ¿Entonces cómo competís con ese precio? Un empleador textil en la República Argentina, o en mi glorioso San Martín, tiene que pagar cargas sociales, AFIP, DGI, ART, seguro de vida por cada uno de sus trabajadores, y si a eso le sumás que no tiene mercado interno, que no tiene a quien venderle porque el país esta parado, ¿cómo querés que no colapse esto?”, lamenta.
Si bien reconoce que uno de sus mentores fue Asterio González, dirigente de CGT de San Martín, aclara con énfasis: “Mi cargo no se lo debo a ninguna bragueta”.
Comenzó a trabajar en la industria textil a los 12 años, cuando terminó séptimo grado. “Cuando empecé, hace 45 años atrás (tiene 56) no se hablaba de los derechos del niño, ni del trabajo infantil. Al contrario, estaba muy bien visto por los padres que vayan a aprender un oficio, porque ‘te enseñaban la cultura del trabajo’”. Empezó trabajando como peona, cargaba y descargaba fardos de lana y algodón en los camiones.

“Tengo una tristeza muy profunda porque hasta hoy, agosto de 2018, soy la única secretaria general mujer del sector industrial de toda la República Argentina. Esto es violento. Hubo miles y miles de mujeres con una larga trayectoria de militancia, aguerridas, fuertes luchadoras. ¿Qué pasó que no llegaron? ¿Cómo soy la única ? Esto es descabellado.”
-¿Por qué las mujeres no llegan a ocupar cargos con poder de decisión?
– ¡Por el machismo patriarcal! Es violento, es grave. No soy la única Hubo miles de mujeres, desde la túnica de Cristo hasta acá existe la industria textil, mi gremio tiene 79 años de historia ¿y nunca hubo una secretaria general mujer, textil, con capacidad de conducción? No me conforma: me duele, me lastima. Miles de mujeres quedaron en la historia. Gastronómicos, comercio, hoteleros, hay más de 3.500 organizaciones afiliadas a la CGT. Fijate la conducción, son todos hombres.
-¿Los cupos son una solución?
-Yo me opongo a todo tipo de cupo. ¿Por qué me ponen el 30 o el 50, si yo tengo capacidad para llenar el 70 por ciento de las listas? Otra cosa que hacen es darte la secretaría de la mujer: ‘ocupate de las locas como vos’; la secretaría de asistencia social: ‘ocupate de los pibes, de los ancianos’. No, mamá, queremos los cargos de decisión y ejecución, donde las mujeres podamos decidir y ejecutar. Sino nos ofrecen ser secretarias de actas: escribiendo lo que dicen el resto de los muchachos. De esto se trata. Acá hay una gran cultura, en todos los estamentos, donde la mujer está relegada a tres lugares en los cargos políticos y sindicales. Yo hago una pregunta: ¿Por qué un hombre no puede estar a cargo de la secretaría de la mujer? ¿Por qué un hombre no puede ocuparse y escuchar a las mujeres, y tomar el reclamo de las mujeres, y trabajar sobre eso? ¿Por qué? ¿Nosotras tenemos que escuchar a la conducción y someternos a lo que dicen las conducciones? Desde acá, que es un trampolín, es mi deber como mujer, tirarme a la pileta a sacar al resto de las mujeres que están sumergidas y ponerlas en valor. Lo peor que me puede pasar es jubilarme, dentro de tres años, y no haber dejado a una sola compañera dentro de los cargos de este sindicato. Sería un error garrafal para mi quedarme en la mezquindad de vanagloriarme de ser la única. Chicas, la que llegó tiene que darle la mano a la otra, y la otra a la otra, y la escalera descendente para buscar a la última y traerla para arriba, esa es la tarea.
-¿Y por qué creés que vos llegaste?
-Es un conjunto. Yo no puedo desconocer que hubo varones, hombres de conducción, que tuvieron una mirada positiva acerca de mi trabajo… Yo tuve que mostrar tres veces más quien soy que el resto de los muchachos. Yo aprendí a pegar piñas arriba de los escritorios de los trompa [patrones], patadas a las puertas, aprendí a putear como ellos, sin abandonar mi condición de mujer y mi género. Entonces tardé en instalarme, pero me instalé y tengo que ser agradecida. Yo nunca escupiría la mano que me ayudó a subir, y a mis compañeros varones que me proclamaron para que yo sea su conducción.
La “Negra” ganó la primera elección por el 62% de los votos, y la segunda elección, hace dos años, le ganó por el 83% de los votos a dos listas opositoras de varones.
Por Vanina Pasik
Fotos: Evelyn Schonfeld y