skip to Main Content

Amancay del Valle, la niña de 9 años que toca el violín en las calles de San Martín

Amancay del Valle empezó a tocar el violín a los seis años. La música le gustaba mucho y cuando conoció el instrumento sintió una conexión. Su primer violín todavía la acompaña hoy, para recordar como comenzó todo. Ahora tiene nueve años y tres violines en su haber, cada uno guardado cuidadosamente en su estuche. El último, un Luthier que pudo comprar gracias al dinero que ahorró tocando a la gorra. “Me gusta, pierdo el miedo al público y practico. Además, siempre vamos a un lugar diferente, fuimos a La Boca, a San Telmo. Pero siempre vuelvo a tocar a San Martín, porque nunca tenemos que olvidar de dónde venimos”.

Amancay vive con su papá, su mamá y su hermana en San Martín. Habla como si tuviera más años. Mientras conversa con Zorzal Diario, la niña repasa con sus dedos el violín y mira de reojo a su madre y padre que la observan desde el otro lado de la mesa.

Parada entre medio de sus violines, Amancay cuenta que admira a David Garrett y a Peteco Carabajal. Sus especialidades en el violín son las chacareras, el tango y la música clásica. Su tango preferido es ‘Por una cabeza’ de Carlos Gardel.

El bisabuelo de la pequeña música también tocaba el violín. “No tocaba profesionalmente, pero sabía y me parece que de ahí nació. Yo escuchaba canciones y sentía, siento, una energía muy linda con la música. Un día le dije a mi papá: ‘Papi ¿puedo aprender música?’. De ahí tuve que elegir un instrumento, y cuando los fui a ver sentí una conexión con el violín”.

Su primer violín es el más chico, el de un octavo. “La calidad no es muy buena porque es el más económico”, explica Amancay. El segundo fue el de tres cuartos y lo usaba a los siete años. Ambos violines están usados, el primero tiene el arco desarmado por el uso, y tiene marcas al costado de las cuerdas que le servían para saber dónde tenían que ir los dedos cuando empezó a tocar.

Notas de colores

Amancay empezó a practicar con algunos ayuda memoria que todavía la acompañan, como por ejemplo las marcas en el violín o los colores, que le sirven para poder leer las partituras. Su papá, Guillermo, es quien busca las canciones y le copia las notas musicales con colores. “Cada color es una cuerda. Por ejemplo, el amarillo es la cuerda del Sol, el verde la cuerda del Re, el celeste la del Si y el naranja la cuerda del La”, explica Amancay mientras muestra su carpeta repleta de canciones que practica todos los días.

“El otro día, le copié una canción nueva que quería aprender y, se ve que copié mal una nota porque empezó a tocar y en un momento ella sola paró y me dijo ‘esta nota está mal, no es esa’. Cuando me fijé la había copiado mal, ya se da cuenta sólo de oído”, cuenta Guillermo entre risas.

Amancay está enfocada en practicar ‘Otoño’ del concierto de ‘Las cuatro estaciones’ de Vivaldi. “Es la que más me gusta, pero es muy rápida entonces tengo que seguir practicando”, asegura y acto seguido toca la pieza en el living de su casa. Sus dedos se deslizan rápidamente por las cuerdas del violín mientras sus ojos alternan entre las partituras que tiene en frente y su mamá y papá.

Ahora no se nota, porque ella se vuelve una con el violín. Pero cuando Amancay empezó, le daba un poco de vergüenza tocar en público. Entonces quiso practicar en la calle y, después de que su profesora les dijera a sus padres que seguro eso la ayudaba, comenzó a visitar diferentes barrios. Aunque la vergüenza no era su único motivo.

“Mi sueño siempre fue comprarme un violín de Luthier, que son muy buenos, pero mi papá y mi mamá no tenían plata para comprarme uno de estos porque son caros. Entonces empecé a ir a tocar a la gorra. En el Barrio Chino, ahí me conocen todos”, afirma risueña.

Con lo que juntó pudo comprarse el violín que tanto quería. El más nuevo de sus instrumentos está hecho a mano y es de madera. “La madera, si es de un año es un poquito bueno y si tiene doscientos años ya es muy bueno. Este es de madera antigua”, explica con paciencia.

Para ella uno de sus sueños ya está cumplido, el otro es tocar en el Teatro Colón. “Fue a ver ‘Adiós Nonino’ de Piazzolla al Colón y cuando salimos nos dijo que ella iba a tocar ahí” comenta Guillermo. Todavía no llegó el momento, pero la niña sigue avanzando. Este año hizo el ingreso para el Conservatorio de Música de San Martín.

En el tiempo que le queda entre el colegio, la escuela de música y las presentaciones en las plazas, Amancay toca su violín en hogares de ancianos. “Me gusta ir a tocarle a los abuelos para llevarles música y darles amor por la música. Ahí les llevo regalos, dibujos y caramelos. A veces bailan y cantan”.

Antes de despedirse comienza a tocar ‘El himno de la alegría’, porque una sola canción durante la tarde no es suficiente. La conexión de la que hablaba Amancay se puede sentir cuando su mentón se apoya en el violín y la música empieza a sonar.

Back To Top
×Close search
Search