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Corpachada y homenaje al “Tayta” Carmelo Sardinas Ullpu en el Bosque Urbano

Antes de que este período del año fuera nombrado como Agosto. Antes de que la Pachamama fuera corrida del lugar de suma importancia que tiene para las culturas ancestrales de nuestra región. Aún antes de todo eso, el que ahora conocemos como mes de Agosto era un momento para rotular la tierra que luego sería sembrada nuevamente.

Agosto era y es, sobre todo, un momento para celebrar a la Madre Tierra, agradecerle y “corpachar”: darle de comer y beber. Hundir las manos en ella, cavar un pozo profundo, y depositar allí comida y bebida natural para continuar, en reciprocidad, el ciclo vital infinito que ella posibilita. “Es un momento de unión entre nosotros, y con la biodiversidad y el espacio tiempo. Todo eso que nos sostiene y hace ser. Durante esta luna, intencionamos por el cuidado del planeta”, dijo Flavia Yanucci, quien organizó el encuentro junto a compañeros y compañeras del Bosque Urbano, ubicado frente a la entrada del “tornavías” de la UNSAM.

Foto : Leo González

Este año, en la Reserva Ambiental Ecológica y Nativa, la corpachada ceremonia que muchos esperan realizar el primer día de este mes, se hizo esperar. La necesidad de compartir y ritualizar en comunidad apremiaba, después de más de un año de confinamiento, en que los espacios que propiciaban los encuentros tuvieron que suspender sus actividades. Fue el sábado 14 de agosto cuando finalmente se dieron las condiciones para llevar adelante la ceremonia.

En esta ocasión el ritual tuvo un elemento especial: fue también un encuentro para celebrar y despedir al Tayta Ullpu, docente de UNSAM, referente internacional de la cultura Quechua, y amigo y maestro de quienes llevan adelante y habitan el Bosque Urbano. “Desde que este espacio conoció al Tayta, hubo una sincronía en cómo comprendemos el mundo. Y lo homenajeamos junto a sus personas allegadas y su familia, el ayllu; recordando su alma que tanto nos ha enseñado”, sostuvo Flavia

Además del ayllu del Tayta, Carmelo Sardinas decía su DNI, estuvieron presentes miembros del Asorsan, de Colectividades Unidas Sin Fronteras, y de Migrantas en Reconquista y Círculo de Soberanía Alimentaria. Quienes iban llegando, iban reencontrándose con el espacio y la comunidad. Las plantas, los árboles, los sectores de huerta. También hubo fuego y mesas cubiertas de diferentes comidas para compartir, algunas incluso típicas de la región.

Bajo un árbol de algarrobo, nombre que le pusieron los españoles que llegaron a esta región pero los quechua llamaban tacu, se fue armando la ofrenda: frutas, semillas, granos, pétalos de flores, botellas de vidrio con bebidas, verduras cocidas, hojas de plantas y caramelos reposaban acomodados sobre el pasto. Algunos dentro de cuencos y canastos, o sobre telares de diseños andinos de un arcoíris de colores. En el centro, la tierra se abría como un corazón a la intemperie bajo las ramas del tacu, que a partir de la jornada llevaría el nombre del homenajeado: Tayta Carmelo Sardinas Ullpu.

De a poco, las personas repartidas en todo el bosque se fueron acercando y acomodando en círculo. El Tayta, desde una foto que reposaba en la ofrenda, observaba las miradas de quienes, en silencio, se reunían a ritualizar. “La imágen es de él dando una cátedra que organizamos en el Bosque Urbano, en una ocasión que compartimos saberes entre Pueblos Originarios, Madres de Plaza de Mayo, Héroes de Malvinas y científicos que dan la lucha por el buen vivir y la Pachamama”, contó Tere en un momento.

Foto : Leo González

Flavia pronunció las primeras palabras, agradeciendo a quienes estaban allí, recordando los saberes que el Tayta les dejó, una semilla que seguirá creciendo. “El Tayta era un luchador. Este árbol nos recuerda los caminos de la resistencia: para el no fue fácil crecer, tuvo que abrir camino entre muchos otros árboles que lo rodean, tuvo un montón de obstáculos en ese proceso, que se notan en su fisonomía. Este es nuestro espacio de saber, nuestra aula a cielo abierto. Estar bajo un árbol para nosotros es seguir aprendiendo. Así como en las universidades nombran a sus aulas, nosotros nombramos a este árbol de algarrobo, este tacu, que encarna saberes milenarios, Tayta Ullpu Carmelo Sardinas. Porque para nosotros él es el emblema de un montón de saberes, además de docente de la UNSAM.” Sobre el tronco, un cartel tallado hecho por Micaela Garramuño cuelga ahora con su nombre para conmemorarlo.

Teresa Pérez, una de las fundadoras del Bosque Urbano hace ya más de diez años, expresó: “Para nosotros este espacio es nuestra ofrenda, donde estamos todos los días estudiando. Donde cuidamos y ofrendamos, plantamos plantita por plantita, las reproducimos y llevamos a los barrios. Hoy vinimos con comidas, y entre esos sabores rumiamos nuestras historias, que son las de nuestra madre tierra también: mujeres que traen entre sabores e historias migratorias, sus plantas, semillas y ancestras. Acá todes tienen un hogar, este nuestro objetivo.” Luego de las palabras, dio inicio a la ceremonia.

El hijo de Carmelo, Rumi Ullpu, Gustavo Sardinas, estuvo presente y se expresó brevemente en agradecimiento ya que estaba muy conmovido por el homenaje a su padre, organizado por gente amiga que compartía su camino con él. También se encontraban allí Kusi y Suyana, compañeras del homenajeado, y quienes quedarán a cargo del Programa de Lengua y Cultura Quechua de la UNSAM, que se reanudó este mes.

La ceremonia

“Es una ceremonia femenina en que le damos de comer a madre y ofrendamos, pero también nos energizamos nosotras, empoderándonos en un espacio diferente de la palabra”,sostuvo Kusi respecto a la ceremonia de ofrenda. “Las luchas que llevamos adelante las mujeres son amplias y muchas, y a veces cuesta encontrar equilibrio con nuestro complemento, la otra parte nuestra, y hacerlo desde un lugar amoroso de verdadera integración. Porque despertar no es solo para nosotras, es mancomunado, si no reconocemos ese espacio no lograremos mucho.”

Foto : Leo González

Antes de comenzar la ofrenda, reconoció que “la UNSAM y otras universidades del conurbano abrieron la puerta a que cambiara algo respecto del espacio de los Pueblos Originarios en esos lugares académicos. Cuando realizamos allí el Primer Congreso Internacional de Lengua y Cultura Quechua de Argentina nos faltaba un lugar donde compartir la comida entre todos los hermanos que vinieron de diversas partes. Pero el Bosque Urbano tenía las manos abiertas. Y se armó un fuego bestial”.

En línea con lo anterior, continuó recordando que la gente de la Academia Mayor de Lengua Quechua de Cuzco les dijeron “Tenemos mucho que aprender de ustedes, porque allá también nos olvidamos que es así, en hayllu, en comunidad, como se hace”. Y reflexionó: “El BU siempre tuvo eso. El Tayta y nuestros abuelos y abuelas lograron que hoy podamos hacer una pacha. Les tomó sangre, porque antes ésto no se podía hacer públicamente. La partida del Tayta nos dejó muy conmovidos, pero aquí estamos, plantados.”

Una vez que el sahumo comenzó a girar por la ronda, deteniéndose en cada una de las personas que estaban allí, las mujeres pasaron de a dos a corpachar. Hubo chicha para la pacha y para beber cada una. Artistas de la zona, amigas del espacio, realizaron esculturas de arena que colocaron abrazando el tacu. Los bombos de la Percuteca Legüera sonaron como latido, mientras cantaban vidalas cuyas letras expresaban agradecimiento, felicidad, vida en comunidad y también despedida. Pero de este plano.

“Algarrobo, algarrobal / cuando cantan los coyuyos / me dan ganas de llorar / de puro gusto mi vida / porque llega el carnaval”.

Foto : Leo González

Al final de la jornada, dicen, un colibrí se posó, cuando el sol ya caía, largo rato sobre el árbol de algarrobo. Mientras tanto, quienes quedaban en el Bosque Urbano hablaban de la alegría y fortaleza que resultó encontrarse nuevamente en ceremonia.

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