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El salario en una caja

Parece mentira. Te juro que lo releí varias veces y no sé si creerlo o indignarme, pero el mail dice bien clarito: “tenemos Cajas de Alimentos, una opción práctica y económica para ayudar a tu equipo a enfrentar los aumentos sin necesidad de subir sueldos ni comprometer la calidad.” Me miró y dijo: ¡¿a vos te parece?! En sus ojos pardos había un destello de rabia, unas ganas silenciosas de romper todo. No respondí. Fruncí los labios y asentí con la cabeza. Tenía razón. Nada enfurece tanto como tener la razón y no poder hacer nada. Mientras hablaba, en la voz de Lucila resonaba el horrible sentimiento de la injusticia.

Es un nombre falso. No se llama Lucila, pero cuándo me contó del mail que había recibido en la empresa de tecnología para la que trabaja de manera informal, me pidió que le cambiara el nombre. Que le daba miedo, que las redes sociales, que la facilidad para los despidos… le dije, elegí uno que te guste y eligió Lucila.

El mail continuaba enumerando menesteres, tal y como quien hace la lista de las compras para el supermercado: azúcar 1kg, sal fina 500g, harina 000 x 2kg, harina leudante 1kg, mayonesa 250g, pan rallado 500g, puré de tomate 2 un x 400g, café x 20 saquitos, té x 20 saquitos, fideos tirabuzón 2 un x 500g, fideos mostachol 2 un x 500g, fideos tallarín 500g, arroz 1kg, caldo de verduras x 6 unidades, duraznos en lata 820g, yerba 500g, galletitas dulces 2paq x 250g, galletitas de agua 1paq x 3uni, lata de arvejas 2 un x 340g, lata de choclo 300g, sobres de jugo 5un, mermelada light de durazno envase de vidrio.

  • Las compras me las quiero hacer yo… para eso trabajo por un salario.

Recordé que la palabra salario proviene de sal, de los pretéritos tiempos en que a los soldados romanos se les pagaba con la preciada especia. Estamos hablando de mucho antes de que existieran los derechos laborales y hasta quizás, mucho antes que existiera la dignidad humana. También podría recordar que a los esclavos, los amos debían alimentarlos para que no se murieran. Pero no nos adelantemos, le digo.

Lucila me explica que la caja de alimentos, la cual se ofrece para suplir un aumento en el sueldo, por supuesto tiene un costo. Según el mail recibido en la empresa donde trabaja, “cada caja sale solo $40.051 final ($33.100 + IVA) e incluye productos de primera necesidad, seleccionados para garantizar variedad y rendimiento.” Pero si bien tiene un costo, también ofrece algunas ventajas: “envíos sin cargo en CABA para pedidos de 10 cajas o más. Para el resto del país, consultanos por opciones y costos de envío.”

Diciembre es un mes caluroso. Las fiestas de fin de año son un presupuesto, y dependiendo del ingreso económico, las vacaciones pueden ser una posibilidad real o mera ilusión. Mientras tanto, el presidente Javier Milei envía al Congreso un proyecto de Reforma Laboral que asegura modernizar el sistema y garantizar un crecimiento en la tasa del empleo argentino.

Sin embargo, y siempre hay un sin embargo, no todo lo que brilla es oro. De aprobarse el proyecto de reforma, la cajita de Lucila (ofrecida como un simbólico aumento salarial) sería moneda corriente, las vacaciones podrían fraccionarse a conveniencia del empleador, extenderse el periodo de prueba, limitarse los aportes, reducir el monto de indemnización, limitar la protesta (como a quien le pegan y le prohíben quejarse) … y la lista continúa, sin encontrar beneficios para los trabajadores.  

Lucila vuelve a leer el mail. Supongo que es la enésima vez que lo lee y ya su incredulidad es dominada completamente por la indignación. Me manda por whatsapp: “Estoy en negro. Me iban a pagar el monotributo y al final, no. Me pagan por semana…” A pesar de ser un mensaje escrito puedo escuchar su bronca.

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