skip to Main Content

La universidad en la cárcel, una política de seguridad 

Por José Garriga (Subsecretario Desarrollo Territorial UNSAM), Matías Bruno (Docente y Coordinador del Área de Investigación en CUSAM-UNSAM) y fotografías por María Laura Bule “Laly Chaca”

Cierre de año y entrega de certificados de talleres de arte y cultura 2025.

Un proyecto territorial

El Centro Universitario San Martín (CUSAM) nació en el 2010. “Otra universidad en una cárcel” dijeron los detractores del proyecto. “Nada nuevo”, dijeron unos; un “gasto innecesario”, dijeron otros. Sin embargo, el CUSAM es una de las herramientas más innovadoras y efectivas de transformación que tiene la universidad. Una inversión rentable, socialmente beneficiosa.

El CUSAM es el centro universitario de la Universidad Nacional de San Martín en la Unidad 48 del servicio penitenciario bonaerense. En el complejo penitenciario de San Martín hay tres unidades, habitadas por más de 1000 personas. Las personas privadas de su libertad dentro del Complejo Penitenciario San Martín cumplen penas por delitos de distinta gravedad, y todos/as pueden solicitar el ingreso a la Universidad para estudiar Sociología o Trabajo Social. Una de las particularidades distintivas del CUSAM es que sus aulas conviven estudiantes presos con trabajadores/as del Servicio Penitenciario. Además de las carreras de grado se pueden cursar talleres de arte, oficios y dos diplomaturas. 

Un estudiante universitario en el CUSAM comienza su recorrido asistiendo al Curso de Preparación Universitaria (CPU), que dura un año. En las clases utilizan cuadernillos y materiales diseñados por la Universidad. Con el CPU aprobado, ingresan a la carrera universitaria y tienen el mismo régimen de estudio que cualquier estudiante: cursa materias, rinde exámenes, asiste a charlas de investigación, formación, presentaciones de libros y conversatorios. 

Una vez que finaliza la jornada de estudio dentro del espacio CUSAM vuelven a sus celdas. Las celdas son espacios muy reducidos y además superpoblados. Estudiar o preparar un examen significa hacerlo sobre una cama, sentado en el piso o en un patio. Las celdas -y las cárceles- no fueron diseñadas para que las personas estudien. Por eso, la Biblioteca Juan Gelman, dentro del CUSAM, es un espacio central para el estudio y la socialización. Hay más de 2000 libros, que en su totalidad fueron donados a lo largo de los años. Novelas, poesía, ensayo, ciencias y otros géneros colman las estanterías. Los estudiantes coordinan y gestionan el espacio. Pero como no hay libro sin lector, organizan el  “Club de lectura” que invita a elegir materiales y compartirlo desde la experiencia de lectura. Además se hacen charlas con tesistas e investigadores, llevando un poco la vida y las experiencias del “afuera” a un contexto de encierro.

En el CUSAM las reglas del aula se transmiten pero también se contagian: respeto, escucha y reflexión. Se discuten ideas, se debate. Esto permite que las lógicas carcelarias sean desactivadas, pero además, que se instalen nuevas prácticas que luego serán trasladadas al pabellón. Desde las aulas se contagian nuevas formas de estar, se transmiten experiencias y saberes muy diferentes a “los tumberos”. A modo de muestra citamos a un estudiante que un recreo dijo: “es que estudiar CUSAM te hace bien”. Esta es la voz de cualquiera de los más de 200 estudiantes que circulan semanalmente por el espacio universitario. 

El esfuerzo colectivo, que ya cuenta con 15 graduados en sociología y 2 en Trabajo Social, no puede medirse sólo con estadísticas universitarias. El esfuerzo del CUSAM hace que  graduados y estudiantes esquiven la reincidencia cuando salen. Pero no sólo eso.


Un proyecto de seguridad 

La iniciativa que dio vida al CUSAM nació del diálogo con organizaciones sociales y vecinos de San Martín. La UNSAM entendió que debía orientar parte de sus funciones sustantivas a vincularse con su entorno inmediato: con vecinos y organizaciones. Así, estableció vínculos no solo con el sector industrial, el polo tecnológico, la municipalidad, y los gobiernos provincial y nacional, sino también con otros sectores de la comunidad.  Así nace lo que denominamos Territorio Educativo: una comunidad de aprendizaje inserta en un entramado fecundo de relaciones y prácticas asociativas compartidas. Comunidad heterogénea de saberes, que amplía y agrega valor en la relación e interacción entre la vida universitaria y la vida comunitaria. El Territorio Educativo plantea un desafío a la Universidad: salir de la zona de confort y transformarse en agente de cambio social.

El CUSAM es hijo de este deseo. El CUSAM es el primero de los dos grandes proyectos territoriales de la universidad; el otro es la Escuela Secundaria en el Barrio Lanzone.  ¿Qué son los proyectos territoriales? Son las iniciativas que la universidad toma para desbordar los límites del campus y dialogar con actores que comúnmente no se incluyen en el mundo académico. Su meta es transformar la sociedad. Formarse para transformar. 

Así los estudiantes que pasan por el CUSAM incorporan la perspectiva de una sociedad más justa e igualitaria. Pasar por la universidad es transformarse. Obvio que esta incorporación es siempre parcial, inacabada y superpuesta con otras experiencias. 

Además, la universidad transforma algunas dinámicas relacionales. Un estudiante del CUSAM no cambia sólo por leer sociología, cambia porque sabe que en ese espacio la conflictividad se resuelve de otras formas. Es un reemplazo de armas por otras herramientas. Ganar recursos para la vida social. 

Un cartel da la bienvenida en el CUSAM: “sin berretines amigo”. Es un mensaje poderoso para todos los estudiantes, les explica que están ingresando a la universidad y que allí las lógicas “tumberas” no aplican. Propone, así, otras regulaciones a la conflictividad. 

Un estudiante del CUSAM que al recuperar la libertad crea en su barrio una biblioteca o un merendero está dejando un potente mensaje. Crea la posibilidad de otras expectativas vitales, otros recorridos que alteren destinos -más o menos ineludibles- que se forjan en los contextos de vulnerabilidad social. Necesario aquí recordar a uno de los egresados de la universidad que siempre menciona que durante años tuvo un arma – un fierro- y que el paso por la universidad le dio otra arma: la palabra.

Se habla de la “porosidad” de la cárcel haciendo referencia a cómo las dinámicas “tumberas” llegan a los barrios y se filtran en las casas de los que no están en la cárcel. El CUSAM es un ejemplo de “porosidad inversa”. Un movimiento diametralmente opuesto, diferente, No es la porosidad tumbera sino la universitaria: lleva la universidad a los barrios a través de la experiencia universitaria en la cárcel. Acerca las formas de la universidad, sus mensajes, sus lógicas a donde antes no llegaba. 

Elegir caminos para la acción

Existen al menos dos grandes enfoques en torno al problema securitario. Uno, centrado en el castigo, llamado punitivista. Es el que llega cuando el daño ya está hecho. Llega tarde, porque castiga pero no repara. El otro, preventivo, el que todos prefieren pero al que pocos apuestan. Para prevenir el delito urbano es importante construir una lógica alternativa a la delictiva. Algo que desplace la tentación o la acción ilícita. El paso por el CUSAM ofrece oportunidades en el medio libre, pero también, deja sobre las personas una huella incompatible con las lógicas del delito. Esa huella se difunde. Así, se busca y logra no sólo reducir la reincidencia sino también prevenir el delito desde la construcción universitaria y colectiva. “Sin berretines, amigo” se difunde por los barrios, en voz alta, una voz de prevención. Una voz de transformación.

Back To Top
×Close search
Search