“Visite San Martín»: Cinco años de una mirada esperanzadora e incómoda sobre lo local


Hay algo de acto reflejo en cómo nos relacionamos con nuestro propio territorio. En el conurbano, el relato hegemónico suele macerar una sola certeza: que la peor noticia siempre ocurre a la vuelta de casa. De refugio a ese discurso, nació Visite San Martín, un proyecto de comunicación local que arrancó casi como una ocurrencia de sobremesa y hoy consolidó un espacio para pensar la identidad, la memoria y el orgullo de vivir en el partido.

Detrás de la cuenta está Jimena, licenciada en comunicación por la UBA y vecina de toda la vida. En conversación con Zorzal Diario, repasa su recorrido, los dolores de hacer comunidad en tiempos de redes algorítmicas y ese San Martín industrial y de clubes que habita en nuestra memoria colectiva.

Los años de formación y el pulso político de la UBA

«Fue medio un accidente. Porque a la carrera de comunicación siempre van los que quieren hacer periodismo o el que no sabe qué estudiar», arranca contando con la risa al frente. Su paso por las aulas universitarias no estuvo exento de desvíos: «Me había anotado en Relaciones del Trabajo porque me gustaba mucho el tema de las leyes laborales, me preocupaban las injusticias en los trabajos. Después, en el CBC, dije: ‘No, ¿qué voy a laburar en recursos humanos?’, y me cambié a comunicación, que tenía todo lo que me gustaba».

Esa vocación temprana por lo colectivo tiene raíces. Criada en una familia de los noventa que padeció el desguace neoliberal y vio con esperanza el proceso político posterior, cursó en el colegio Sagrado Corazón de Villa Ballester. Allí, entre lecturas tempranas de Foucault propuestas por alguna profesora jugada y una atmósfera de barrio trabajador, empezó a moldear su sensibilidad política en el naciente período kirchnerista. «Para mí era una época idílica sin notarlo. Las marchas del 24 de marzo, todo eso… es algo muy generacional», define.

De la ocurrencia gastronómica al rescate del archivo histórico

«Hoy en día, Visite San Martín me lleva muchísimo tiempo. Es lo que más le dedico, mitad y mitad con mi laburo», confiesa. Sin hijos, pero acompañada por su gata, su perra y su pareja, canaliza mucho de su energía. «Hay algo invisible en el proyecto: hablo mucho tiempo con la gente. Te mandan mensajes, te cuentan historias de su familia, y eso me lleva horas porque leo todo, charlo y gestiono cosas. Quizás no subo nada en una semana, pero estoy todo el tiempo enterándome».

Al remontarnos media década hacia atrás, resulta que el germen de la cuenta tuvo algo de humor y mucho de pandemia. «Fue de casualidad porque salía a comer con mi pareja al Círculo San Andrés. Me gustó mucho la onda del lugar y dijo: ‘Che, ¿no hay una página o algo que cuente de estos lugares en San Martín?’. Al otro día hice la cuenta».

En plena salida de los barbijos 2021, la búsqueda empezó siendo gastronómica y de entretenimiento, emulando las guías de CABA. Pero el volantazo fue inevitable al empezar a indagar de forma informal una suerte de rompecabezas de archivo histórico municipal. «En cuanto empecé a buscar e investigar, me di cuenta de que había una dimensión histórica muy importante y dije: ‘Esto está re bueno, hay que usarlo como insumo’. Empezó medio en chiste, como parodia de las guías chetas, sosteniendo ese estigma de que acá las cosas son malas o no hay nada valioso. Y traté de demostrar que no es tan así».

Navegar algoritmos y la esperanza a contracorriente

«Los primeros dos años sí, estaba muy obsesiva con las redes con que aparezca y crezca la cuenta. Ya está, ya tenés una comunidad, la gente te vio. El contenido que hago ahora está más curado y no me vuelvo tan loca», reflexiona sobre la madurez del proyecto.

Sin embargo, sostener una mirada optimista en un contexto socioeconómico hostil no es gratis. A Jimena le pesa el contraste entre su vocación por rescatar lo bello del territorio y la crudeza de la realidad social. «Yo lamentablemente soy muy optimista, pero digo ‘lamentablemente’ porque eso después me trae problemas. Sostener un proyecto así en un contexto como el de ahora es complicado, porque estoy proponiendo ver el lado bueno y a veces a mí misma me da cosa… ¿Qué cara voy a poner tratando de mostrar lo positivo si está todo para atrás? A veces pasa como que es una forma de negación, tal vez sí, un mecanismo para mi salud mental».

Esa tensión explota a veces en la pantalla y se vuelve dolor. “Por ejemplo, cuando hablo de José León Suárez y se asocia automáticamente al crimen y la desigualdad. Yo sé que la ciudad tiene un día a día muy complicado y no lo subestimo. Pero cuando muestro que hay gente que sale todos los días a abrir su comercio o a dar clases, y me llega hate porque no estoy subiendo noticias malas… eso me genera angustia».

La nostalgia activa: la fantasía del San Martín industrial

Entre archivo y archivo, entre la militancia y el registro cotidiano, Jimena reconoce que su imaginario se nutre de lo que el conurbano fue y perdió. En sus momentos más íntimos, confiesa que fantasea con ese San Martín de industria pujante, de fábricas abiertas y de clubes de barrio llenos de vida que conoció a través de los relatos y los libros de historia local. Un entramado comunitario sólido que hoy resiste a los cachetazos de la época, pero que sigue latiendo bajo el asfalto.

Frente al desánimo, ella elige la trinchera de la persuasión por sobre la confrontación estéril. «Trato de que la cuenta tenga un fin educativo, formativo. Es un ejercicio de ampliar lo que pienso y hacer un proyecto lo más amplio posible. Visite San Martín es una manera de hablar con los demás, de dialogar en las redes y recordarle al vecino que habita un territorio con historia, con peso y sobre todo con dignidad».