El Papa Francisco falleció el lunes 21 de abril, a las 7:35 de la mañana. El mundo recibió conmovido la noticia de la muerte del Santo Padre argentino, una figura que será recordada por su carácter reformista, su cercanía con los pobres y su profunda transformación de la Iglesia católica. Por la tarde, en la Catedral de San Martín, el Obispo Martín Fassi presidió una misa en su honor. Zorzal Diario estuvo en la ceremonia que estuvo cargada de emoción, recogimiento y también de un sentimiento de gratitud colectiva por quien supo ser “el argentino más grande de la historia”.
Por Lautaro Stirparo
Desde temprano, cerca de las 19 hs, tanto creyentes como no creyentes, al igual que dirigentes políticos tanto de San Martín como Tres de Febrero, comenzaron a reunirse frente a la Catedral. Entre murmullos y oraciones en voz baja, la comunidad se mostró profundamente herida por la pérdida del Santo Padre. Sin embargo, en sus rostros también se percibía algo más: un espíritu optimista que parecía responder al legado de Francisco y a su insistente llamado a una fe alegre, activa, comunitaria.
El obispo Fassi tomó la palabra y habló a los fieles con delicadeza, consciente del desconcierto que deja la partida de una figura tan importante para el cristianismo y para la Argentina. Recordó especialmente la encíclica publicada por Francisco en 2024, como un testamento espiritual que invita a revisar los vínculos entre los cristianos y a renovar el compromiso con los valores del Evangelio.
Lejos de esquivar el costado político del papado de Francisco, Fassi lo reivindicó con claridad. Destacó su temperamento evangélico y político, el mismo que lo impulsó a llevar el mensaje de la Iglesia hacia las periferias del mundo y a convertirse en una voz incómoda para los poderosos y conservadores, pero imprescindible para los más pobres.
“Nos quedamos sin una voz ética. Y nos preguntamos: ¿quién la tomará? Cada uno de nosotros. El mal sigue su curso, pero la vida tiene más fuerza”, expresó el obispo frente a una iglesia en silencio, atenta y conmovida.
La despedida en San Martín fue una reafirmación del impacto que la vida y obra del Papa Francisco tuvo en la vida de millones. Su muerte deja un vacío inmenso, pero que pese a eso debe seguir en la construcción de una Iglesia cercana y humilde tal como él la soñó.
