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A un año del ataque al CUSAM, se desarrolló una jornada de diálogo y memoria

La sede del Centro Universitario San Martín (CUSAM) se encuentra al fondo de la Unidad Penal N°48 del Servicio Penitenciario Bonaerense. Se llega tras cruzar una calle interna del complejo y después de atravesar tres controles de seguridad. El edificio del CUSAM se encuentra al costado derecho de un predio con un patio, adornado por pasto y flores violetas que crecen junto al alambrado que rodea la sede.

Dentro de espacio hay seis aulas destinadas a los talleres de formación, y también se encuentran Radio Mosquito, la dirección y dos baños, uno adentro, para mujeres, mientras que afuera se encuentra el de varones.

El primero de noviembre se cumplió un año del ataque al CUSAM. Para reflexionar sobre el hecho, los y las integrantes del Centro Universitario decidieron realizar una jornada de diálogo y memoria que comenzó a las diez de la mañana y finalizó a las cinco de la tarde. El evento estuvo acompañado por baile, música, una obra de teatro, exposiciones, proyecciones audiovisuales y una pequeña feria. Todo llevado adelante por los y las estudiantes del centro universitario.

“Lo que queremos es mostrar la importancia de la educación en estos contextos que reivindican los derechos a la educación”, aseguró Florencia Miguel docente y coordinadora de la parte de arte y cultura de los talleres de arte y oficios.

El ataque al CUSAM

Entre septiembre y octubre de 2020, durante la pandemia, se comenzó a hablar de las vueltas a las visitas en las unidades penitenciarias de la provincia de Buenos Aires. Un día antes de que los familiares pudieran volver a visitar a las personas privadas de su libertad dichas visitas se cancelaron. “En forma de protesta y de lucha, las personas detenidas empiezan a reclamar de distintos modos”, explicó Florencia Miguel. “Acá en la unidad se había armado bastante fea la cosa y los estudiantes del Pabellón Universitario lo protegieron abrazando el espacio para que no ingresaran”. Pero, durante la madrugada del domingo primero de noviembre “los penitenciarios dominaron la situación y encerraron a todos los detenidos”, según le había contado en su momento a Zorzal diario Marcos Perearnau, director académico de la sede CUSAM.

Los hechos de la sede universitaria sucedieron luego de eso. El fuego del domingo a la mañana se llevó por delante todo el taller de panadería que se encuentra al fondo del establecimiento. “En las otras aulas fue patear, romper los vidrios, las computadoras, los instrumentos musicales, los techos estaban destruidos”, sostuvo Florencia, quien fue al espacio el día después del ataque. Además del incendio y la destrucción cuando los y las coordinadoras llegaron también se dieron cuenta que les habían robado materiales.

“Fue un atentado posterior al motín. Estamos casi seguros que fue del servicio penitenciario como venganza”, aseguran quienes participan de la organización del centro universitario.

La reconstrucción de los buscas

“Nosotros ya sabíamos que la reconstrucción iba a suceder incluso antes de que iniciara porque los pibes y las pibas tienen esa capacidad, pueden rearmar. Ellos siempre sobreviven, son buscas y ellos saben” afirmó Yesica Morales, coordinadora del Centro Universitario CUSAM y estudiante de sociología en el espacio.

La reconstrucción del CUSAM comenzó en noviembre luego del ataque. Florencia contó que generaron “redes de colecta, de reconstrucción CUSAM y con ese dinero compramos instrumentos. También tuvimos ayuda de organizaciones amigas, estudiantes, docentes que o donaron sus propias cosas o destinaron dinero”. Aún así todavía falta mucho en la sede. “Estamos remándola todavía. Todo lo que tenemos fue por colecta o donación”, agregóFlorencia.

“El servicio tuvo que ceder algunas cosas, pero no sólo hay que reconstruir lo edilicio porque una queda destruida anímicamente después de eso” comentó Yesica. Para ella la jornada del primero de noviembre fue movilizante y también emocionante. “Fue volver a un aula donde estaba todo quemado, ¿sabes todo el tiempo que quedó el olor a quemado ahí adentro?  Haber visto todo eso, pensar el espacio de un año atrás a este momento me pone feliz pero igual lo de hoy es raro, es raro que haya pasado un año porque fue una fecha muy trágica”, relató Yesica mientras miraba alrededor del aula de computación, donde dos estudiantes trabajaban con las computadoras.

Jornada de diálogo y memoria

Cuando los y las visitantes ingresaban al predio del Centro Universitario durante el evento del lunes primero de noviembre lo primero que tenían que hacer era pasar por un túnel, armado por los y las estudiantes con sachets de leche. En su interior se podían ver fotos, tomadas por quienes van al taller de fotografía del CUSAM luego del ataque sucedido tras el motín del 2020. En el suelo, entre las flores, se podían ver los restos de las computadoras rotas que los estudiantes encontraron cuando pudieron volver a su lugar de formación.

El día estaba nublado, la lluvia amenazaba con aparecer, pero a primera vista lo que se veía era alegría y compañerismo. En el patio del centro se encontraba los instrumentos musicales y los parlantes por los que todo el día se escuchó música. Frente al espacio improvisado como escenario había bancos y sillas para las visitas. Una pequeña feria se encontraba a la derecha del edificio, donde los estudiantes de encuadernación, Alfredo y Matías, vendían las libretas y cuadernos hechos a mano en el taller del que forman parte hace cuatro años.

“Uno lo agarra como terapia a esto. Es una experiencia linda que tenemos acá adentro, ya que estamos en un contexto de encierro buscamos tratar de ocuparnos en algo. No solamente adentro de una cárcel pasan cosas malas sino también cosas buenas, como estudiar y tener los talleres que son muy lindos y están buenos”, manifestaron ambos estudiantes. “Los chicos se van encantando con el oficio porque lo pueden usar como herramienta para afuera, para el día del mañana. Como nosotros mismos porque nuestro pensamiento es salir y seguir con el oficio”.

Dentro del edificio de la sede se encontraban expuestos los trabajos de los y las estudiantes del taller de fotografía y del taller de masculinidades. De las paredes colgaban los trabajos de escritura y serigrafia realizado por el proyecto Migrantas en Reconquista.

En una de las aulas del medio se encontraba cuarto oscuro, el salón de audiovisuales, donde a mediados del día se proyectaron dos cortos realizados por los alumnos y alumnas. ‘Autorretrato’ realizado durante la cuarentena del 2020 y ‘La paloma’ que fue el trabajo que tuvieron durante la primera parte del 2021.

Al fondo del edificio, donde está la cocina, se podía ver a los chicos preparando la comida del día y reponiendo la bebida para ellos y las visitas. De fondo se escuchaba cumbia colombiana y por el micrófono avisaban que también iba a haber una obra de teatro.

El grupo teatral ‘Revolucionarte’ se presentó a media tarde con su obra “Los amotinados”, que contaba brevemente sobre los sucesos que ocurrían dentro de la unidad durante el motín y también lo que pasaba con las familias desde afuera, todas las personas presentes se concentran en el patio atentamente. El texto final de ‘Revolucionarte’tiene una declaración de principios : “La universidad, nuestra universidad, nuestro espacio universitario que ha sido vandalizado, nada más y nada menos lo que hace es devolvernos la vida”.

“Acá los y las estudiantes son un colectivo que hacen magia”, aseguró Yesica. “Aunque te duele un montón ver las imágenes de todos lo que rompieron, las cosas que se robaron … pero se reconstruyó súper rápido, los pibes lo hicieron todo muy a pulmón, todas cosas de ideas de ellos, de armar, rearmar”.

Durante la jornada las visitas y los y las estudiantes también pudieron bailar y disfrutar del día al aire libre. “Es una bocanada de aire entre tanto caos. Porque cuando hacemos esto y veo que ellos están bien y felices digo ‘es por acá’”, finalizó Yesica.

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