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Cobró el IFE, lo invirtió y lo multiplicó en solidaridad
A raíz de la pandemia Ingrid Morález se quedó sin trabajo. Es vecina de la localidad de Loma Hermosa y sus ingresos diarios los generaba haciendo diferentes trabajos: como empleada doméstica, asistiendo a personas y dando apoyo escolar. “El IFE me abrió un montón de posibilidades”, consideró al salir beneficiada con el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). Gracias a esto pudo abrir una verdulería en el garaje de su casa. A través de este emprendimiento, Ingrid comenzó a donar mercadería para ayudar a un comedor del barrio y, además, puso su máquina de coser a disposición de un grupo de mujeres del barrio para que aprendan el oficio de costurera.

Ingrid (45) en diálogo con Zorzal diario, contó cómo la pandemia interrumpió su vida cotidiana y su manera de generar ingresos: “Soy una persona muy activa e inquieta, estaba haciendo diferentes trabajos para ganarme la vida, ya sea de doméstica, asistiendo a personas y dando apoyo escolar. Además, estaba estudiando para ser maestra de primaria. Toda esta situación afectó sensiblemente mi entrada de dinero. Estoy separada. Antes contaba con la cuota alimentaria para mi hija pero el padre también se quedó sin trabajo. Quedé en la nada completamente”.

“Con el dinero del IFE abrí una verdulería en el garaje de mi casa, porque en esta zona no había. Entre los vecinos somos muy solidarios y nos apoyamos, compramos en el barrio y así entre todos nos vamos ayudando. Así fue que empecé, y con lo que voy sacando me alcanza para vivir”
Lejos de resignarse, pensó la manera de reinventarse y salir adelante. Cuando le salió la ayuda económica del estado no dudó en iniciar un emprendimiento que le permita obtener mayores ingresos: “Con el dinero del IFE abrí una verdulería en el garaje de mi casa, porque en esta zona no había. Acá entre los vecinos somos muy solidarios y nos apoyamos. Compramos en el barrio y así entre todos nos vamos ayudando. Así fue que empecé, y con lo que voy sacando me alcanza para vivir.”
“Si uno puede ayudar lo tiene que hacer”
Ingrid es militante de la JPRO de San Martín, y también practica activamente la religión cristiana en la Iglesia Emanuel de la zona. Afirma que a partir de su emprendimiento comenzó a colaborar con mercadería al comedor “Alas abiertas”, ubicado en el barrio Las cañitas, en Libertador.
“En este momento hay que tener el corazón más abierto que nunca, y si uno puede ayudar, lo tiene que hacer. Desde el inicio de la pandemia asisten al comedor más de 50 familias, pero había serios problemas para tener regularidad y poder dar un plato de comida todos los días, por la falta de recursos. Hoy, tanto por la ayuda de la iglesia, como la de algunas agrupaciones políticas, y sumado a lo que yo puedo colaborar donando frutas y verduras, está funcionando todos los días”, contó Ingrid Morales.


“En este momento hay que tener el corazón más abierto que nunca, y si uno puede ayudar, lo tiene que hacer”
Este último domingo realizaron un festejo en el comedor por el día del niño al que asistieron alrededor de 150 chicos. Fue posible gracias a las donaciones de algunas vecinas del barrio del Parque Suhr Horeis, el Club de Leones y las mamás del comedor.
Aprender para emprender
Ingrid cuenta que cuando se empezaron a contener las necesidades, no solo de alimentos, sino también de ropa, calzados, abrigos y pañales, las madres que asisten al comedor estaban muy angustiadas y preocupadas por el ingreso de dinero en sus hogares: “La mayoría de sus maridos viven de la changa o son trabajadores ambulantes y están sin trabajo. Ante la inquietud de querer comenzar hacer algo, surgió la idea de aprender a coser. Teresa, militante cristiana, se ofreció para darles clases de costura a las vecinas. Los vecinos donaron hilos, agujas y retazos de telas. Yo llevé mi máquina, y así nos encontramos un día en que habíamos formado un taller de costura. Las chicas ya fabricaron su primer barbijo. No solo es muy importante dar este mensaje de aprender para emprender, sino mostrar que hay cultura de trabajo”.

Las mujeres que integran el taller, a través de un proyecto educativo de la facultad de económicas de la UNSAM, van a ser asesoradas por un grupo de estudiantes, para que el taller se convierta en un microemprendimiento. “Me emociona mucho todo lo que se generó, y esto nace de escuchar y estar dispuesto para el otro. Ellas están muy contentas y motivadas. Recientemente recibimos cuatro máquinas de coser a través de la agrupación JPRO que conduce Javier Fernández”, expresó Ingrid.
“La mayoría de sus maridos viven de la changa o son trabajadores ambulantes y están sin trabajo. Ante la inquietud de querer comenzar hacer algo, surgió la idea de aprender a coser”
Contó Ingrid sobre el grupo de mujeres que comenzó un emprendimiento de costura.
Si bien Ingrid mantiene una línea de pensamiento diferente al gobierno actual, reconoce la importancia de un estado presente y capaz de dar respuestas. “En mi caso el IFE me salvó. Fue el disparador que me abrió un abanico de posibilidades, no solo de generar un ingreso para mi, sino también poder ayudar a los demás. Más allá de la diferencia de ideas, todo el arco político tiene que estar al servicio de la gente, y más con lo que estamos viviendo. Hay que construir en equipo, como Rodríguez Larreta está trabajando desde el inicio de la pandemia con el presidente. Sin ir más lejos, en el barrio la mayoría de las mujeres del taller simpatizan con el gobierno actual y yo les estoy enseñando a emprender y progresar. El fanatismo no lleva a ningún lado”, aseguró.

Fotografías: Lais Giovannini

