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Entre el folklore y la justicia

Yamila Cafrune hizo una carrera universitaria para esclarecer la muerte de su padre, pero el destino quiso que emprendiera su mismo camino. El domingo actuará en el Museo José Hernández.

 En el folklore argentino son muchos los casos de hijos de músicos o cantores que se vuelven reconocidos, ellos mismos también, como artistas. Y cualquiera podría pensar que estos “hijos de” llevan el deseo de emprender un camino musical propio desde chicos, influenciados por la actividad de su padre o madre. No es el caso de Yamila Cafrune, hija del célebre cantor salteño Jorge Cafrune, quién inició una carrera musical casi de casualidad cuando parecía encaminada a un oficio totalmente distinto. Nacida en la Capital Federal el 16 de Noviembre de 1965, es una de las cuatro hijas del matrimonio entre el mencionado músico y Marcelina Amalia Gallardo.
Fue bautizada con el nombre “Yamila” en honor a Yamila Bupacha, heroína de la Guerra de Independencia de Argelia. Tras su primera infancia en Los Cardales, Jorge decide llevarse a sus hijas a vivir en España tras el éxito de una de sus giras, a tal punto que contrae un segundo matrimonio con Lourdes López Garzón. En 1977, con el país inmerso en una dictadura cívico-militar, los Cafrune regresan a la Argentina, al mismo tiempo que otros artistas emprendían el exilio. Jorge, de ideología peronista, decide cantar en el festival de Cosquín de 1978, a pedido del público, la famosa “Zamba de mi esperanza”, entonces prohibida por el gobierno militar.
Tras la actuación, dos sobrevivientes del centro clandestino de detención de La Perla, en Córdoba, aseguran haber escuchado al entonces teniente primero Carlos Enrique Villanueva dar la orden de asesinarlo para alertar a otros cantores de no hacer lo mismo. El 31 de Enero de ese mismo año, Jorge muere atropellado por una camioneta mientras realizaba una travesía a caballo entre Buenos Aires y Yapeyú (Corrientes) en homenaje a José de San Martín. Las circunstancias del supuesto accidente nunca fueron aclaradas. Se cree que el conductor del vehículo respondía órdenes de Villanueva.
Con la tristeza en el alma, la familia se radica en Santa Fe, donde Yamila inicia sus estudios secundarios y musicales en el Liceo Municipal. Luego, con el deseo de esclarecer la muerte de su padre, inició la carrera de Derecho en la Universidad del Litoral, para después recibirse de abogada en la Universidad Nacional de Córdoba en 1991. Paralelamente, ya trabajaba en el Registro Civil. En enero de 1992, Yamila es invitada a cantar en un espectáculo callejero en homenaje a su padre, contextuado en el festival de Cosquín de ese año.
Entre el público asistente estaba Julio Mahárbiz, conductor del festival, quien decide invitarla a actuar la noche siguiente en el escenario mayor, donde interpretó la zamba “Que seas vos”, de Marta Mendicute. Fue en esa gran actuación donde se empezó a gestar su carrera musical. Hasta la fecha lleva registrados 12 álbumes de estudio: “Regalo de amor” (1994), “Yamila” (1996), “Como yo lo siento” (1997), “Herencia” (1998), “De changos y chinitas” (con Facundo Saravia, 1999), “Tierra vuelvo” (2003), “Bien de familia” (con su marido Esteban Cruz, 2007), “Raíz” (2010), “El folklore va a la escuela” (2012), “Folklore” (con Franco Ramírez, 2013) y “Con guitarras” (2016). Además, también grabó un disco en vivo en 2006.
En cuanto a la muerte de su padre, en 2001 dijo en una entrevista al diario “Página/12”: “Nosotros preferimos creer que fue un accidente. Llegó un punto en que priorizamos nuestra salud mental. La decisión de la familia es llegar hasta acá”.
Hace rato que Yamila dejó de ser solo “la hija de”. Supo abrirse camino y forjar un nombre propio. Portar un apellido, en cualquier actividad, no es para cualquiera. Al respecto, opina en la misma fuente: “Es un honor. No es una carga, como mucha gente cree, pero sí una responsabilidad enorme”.
Por Gustavo Aguirre.

 

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