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Migrantas en Reconquista, un intercambio de saberes

El cierre de FestiMigrantas se dará este sábado 6 de agosto en el Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo, en Luján. La propuesta celebra la diversidad migrante mediante la exposición de obras realizadas por más de 200 mujeres y 300 jóvenes y niñeces del Área Reconquista de San Martín: esculturas de mujeres en cerámica, telas bordadas con frases que denuncian violencias o reivindican derechos, recetarios a base de plantas ancestrales, textos, fotos, espectáculos de danza y música, materiales de todo tipo convertidos en piezas de arte.

Migrantas en Reconquista es una propuesta de investigación-acción-participativa (IAP) localizada en la cuenca baja del Río Reconquista, en San Martín. El proyecto derivó en múltiples actividades, festivales, libros, muestras de arte, entrevistas, censos e incluso una Diplomatura en genero territorio y ambiente.

Desde 2019 busca comprender las intersecciones entre cambio climático, género, migración y trabajo. Se enfoca en las mujeres trabajadoras migrantes expulsadas de su lugar de origen por la degradación de los ecosistemas rurales que, por un lado, son las principales afectadas por los problemas socioambientales de la zona, pero, por el otro, son las grandes creadoras de las estrategias de adaptación colectiva que garantizan la sustentabilidad de la vida mediante una red de cuidados comunitarios.

Fotos: Evelyn Schonfeld

Diplomatura en género territorio y ambiente

En un aula de la UNSAM varias mujeres se juntan. Vienen a la diplomatura. Los ejes temáticos son: Género, Ambiente y Territorio. Vienen a dar sus voces, las voces que viven en el Área Reconquista de San Martín. La diplomatura plantea compartir y producir estrategias socioambientales para fortalecer los derechos de las mujeres trabajadoras migrantes en la cuenca del río Reconquista de San Martín

Fotos: Evelyn Schonfeld

Rumilda, cuenta que todo fue un aprendizaje para ella. Su formación fue en el territorio, a través de la experiencia, con herramientas que fueron haciéndose a partir de las carencias que sufren en los barrios, violencias y consumos. Y esas herramientas las pudieron compartir con otras mujeres que a su vez tenían otras herramientas y saberes, sumados a los conocimientos académicos que les brindó la universidad para enfrentar los problemas que padecen día a día en los barrios que conforman la cuenca Reconquista. Rumilda se siente contenta de que la cultura migrante sea tenida en cuenta y valorada por personas con formación académica, a partir de los trabajos realizados en el proyecto.

De los barrios más marginados de San Martín, allí donde está la frontera de la basura y el río de la Reconquista, llegan estas mujeres de distintas organizaciones que integran la Red Migrante del Área Reconquista, que proceden a su vez de otras culturas y países. En el aula hubo un intercambio poco común para un ámbito universitario: un trayecto educativo que instala el diálogo de saberes como premisa para construir conocimiento.

Zulma, del barrio Costa Esperanza, afirma que la diplomatura le cambio un poco el concepto sobre el saber porque lo tenía relacionado como algo institucional o algo estructurado a partir de la universidad: “Acá pudimos ver y aprender que todas tenemos saberes a partir de la experiencia de vida, del trabajo, y que se pueden transmitir sin haber pasado por instituciones. Aprendí que todo lo que una va transitando en la vida es parte del saber. Esta Diplomatura me permitió acercarme a la universidad, que es como un monstruo enorme para nosotras que vivimos en un barrio porque da miedo acercarse a este espacio porque uno no se siente como a la altura, pensaba ‘estos saben más que nosotros’ y no fue así, fue como entrar en cualquier institución del barrio, en una iglesia, en un comedor. Pude tomar a la universidad como algo propio y brindar los conocimientos que traigo desde mi experiencia de vida a las personas que son de la universidad, que no tienen las experiencias de vida que tienen nuestras compañeras. De alguna manera somos educadoras populares”.

Luego de que la UNSAM pisara los barrios a partir de proyectos como la escuela secundaria técnica, perteneciente a la universidad y ubicada en Suárez, o el CUSAM ubicado dentro del complejo penitenciario del distrito, ahora llegó el tiempo de que los barrios pisen la universidad. Migrantas que se asentaron en los bordes del municipio escapando de las grandes corporaciones que ocuparon sus tierras con monocultivos, o expulsadas por los modelos neoliberales o fruto de migraciones internas dentro del país, que llegaron a la ciudad en busca de un futuro mejor, ante los cambios que se producían en los campos. Ellas vienen con sus historias a poblar las teorías y la historia que cuentan tiene que ver con la exclusión de un sistema, pero también de un municipio, como expresa una de las mujeres presentes: “El saber me lo dio el dolor. Una vocación de trabajar en mi barrio”.

No existen hasta el momento ofertas de formación que integren los tres planos: género, ambiente y territorio.  Desde una perspectiva que combine conocimiento científico y saberes locales. La diiplomatura tiene certificación oficial de la Escuela IDAES-UNSAM.

Trabajo del saber de forma colectiva

Todo el conocimiento producido, tanto por las investigadoras como por las mujeres migrantas, desembocó en la diplomatira, que empezó en abril y termino en julio de este año. En cada encuentro se compartieron los saberes surgidos de la investigación y se los compartió y debatió con las mujeres que viven en los barrios y que por primera vez en sus vidas se acercaron a la universidad. Ellas son quienes conocen las problemáticas del barrio más que nadie, y por eso su saber es necesario para combatir lo que muchas veces sucede en la academia: que ejerce el monopolio del conocimiento legítimo.

Verónica, una de las mujeres que asistio a la diplomatura, cree que un saber es el resultado del cruce de la experiencia y la información, de la práctica y el intercambio: “Cada experiencia es distinta y los saberes van tomando diferentes formas, es el resultado de todo eso”.

Fotos: Evelyn Schonfeld
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