La vicepresidenta de la Cámara Gastronómica de San Martín, Nancy Benedetto, dialogó con Zorzal Diario sobre la crisis que atraviesa el sector por el estancamiento económico. Además destacó un acuerdo con MercadoPago para bajar la comisión, y contó sobre los cursos de manipulación de alimentos que fomenta la Cámara.
El sonido de las tazas de café se mezcla con el murmullo inconfundible de la vida social del Club 3 de Febrero. Llevar adelante un espacio gastronómico nunca es tarea sencilla, pero hacerlo dentro de una institución deportiva tiene un peso distinto. Nancy Benedetto lo sabe bien. Desde su lugar detrás del mostrador del buffet del “Trede” no sólo despacha pedidos, sino que observa el pulso diario de su comunidad.
«Que mi comercio se desarrolle en el buffet de un club es un desafío grande, porque la gente no solo se vincula con el lugar por la comida. Es un ambiente donde las familias transitan las victorias y derrotas del deporte, y de la vida en general», reflexiona.
Pero Nancy es mucho más que la dueña de este espacio; es la vicepresidenta de la Cámara Gastronómica de San Martín, de la cual es presidente Diego Faggioli. Desde ese doble rol —el de comerciante que sufre la diaria y el de dirigente que busca soluciones colectivas— analiza el presente de un sector que, tras años de intentar organizarse, hoy se enfrenta a una de sus crisis más agudas.
El fin del individualismo y el valor de lo colectivo
La historia de los gastronómicos en San Martín estuvo marcada durante mucho tiempo por la competencia feroz. Convencer al colega de que el local de al lado no era un enemigo llevó años de trabajo.
«Costó mucho tiempo, de hecho seis años. Hoy me sorprende la cantidad de mensajes de gente que se quiere sumar», cuenta Nancy con orgullo. «Al principio había que ir a buscar al comerciante para ser creíble. Había que dejar de lado esa individualidad de ‘yo tengo mi mejor hamburguesa’. Clientes hay para todos. Cuando un colega se queda sin cajas de pizza o sin mozzarella y te dice ‘vení a buscar lo que yo tengo’, en esos gestos concretos se rompe la competencia. Es una comunidad de ayuda».
Esa red de contención es vital hoy. La Cámara logró acuerdos estratégicos de gran impacto: desde un convenio clave para bajar las comisiones operativas con MercadoPago —una de las empresas más grandes del país— y alianzas con servicios de emergencia médica radicados en Billinghurst, pero lo que ella considera más «virtuoso» es la formación.
En articulación con la Secretaría de Producción municipal (destacando la labor de la funcionaria Florencia Rebolini) y el sindicato UTHGRA, la Cámara impulsa cursos de manipulación de alimentos, cocina profesional y atención especializada «Mejorar la calidad (…) es lo que a la gastronomía sanmartinense la pone en un lugar distinto, y evita que nuestros vecinos se vayan a los distritos que tenemos muy cercanos como Tres de Febrero, Vicente López o Capital»
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La crisis, el consumo y el mito de la reforma laboral
Cuando la charla gira hacia la coyuntura económica, la sonrisa cálida de la anfitriona le da paso a la preocupación de la dirigente. El panorama en las calles de San Martín es crítico.
«El momento es durísimo, no queda saldo para el consumo en los barrios. Tengo colegas que se van a trabajar de Uber para poder sustentar su casa porque el negocio no da, o que terminan rematando mesas y sillas», advierte. «Antes venía gente de las fábricas a almorzar todos los días; hoy vienen dos veces por semana y el resto se llevan el tupper de la casa».
Ante el debate sobre las reformas laborales y la flexibilización como supuesta receta mágica para generar empleo, Nancy es tajante y derriba el mito desde la propia experiencia pyme:
«Quieren tocar los derechos del trabajador haciendo una romantización de que así habrá más trabajo, y no. El problema no está en los derechos del trabajador. Nadie quiere a un esclavo que trabaje doce horas, es inhumano. El gastronómico de la Cámara por lo general está a cargo de un emprendimiento familiar; si contratas a alguien es para mejorar, no para exprimirlo».
Para Benedetto, el ahogo no viene por las indemnizaciones, sino por la estructura impositiva y la caída brutal de las ventas. «Sin consumo no hay trabajo para nadie en primer lugar. La carga es impositiva. Si la carga social fuera de acuerdo a tu ingreso y no a una tabla fija, la mayoría tendría al empleado regularizado. El problema no son las horas extras, el problema es que falta consumo y el peso de las cargas sociales».
Mujeres Líderes y el San Martín que viene
El mundo empresarial y gremial sigue siendo un terreno áspero para las mujeres, y la gastronomía no es la excepción. Cuando asiste a reuniones en otras entidades empresariales del distrito, Nancy suele ser una de las pocas mujeres en la mesa.
«A las mujeres siempre nos exigen más y nos respetan menos», dispara sin filtro. Sin embargo, defiende la huella que están dejando: «Se nota cuando un comercio lo maneja una mujer. Le aportamos una mirada diferente, fundamental. Es lamentable que seamos tan pocas, hay muchas mujeres con capacidad de estar en una mesa gremial empresaria».
Con la convicción de que San Martín está mutando de su histórico perfil industrial hacia una ciudad de servicios, la vicepresidenta de la Cámara mira hacia el futuro. Destaca el buen diálogo actual con el Municipio —mencionando iniciativas culturales como «San Martín Lee» que lleva bibliotecas a las cafeterías— pero sabe que falta planificación urbana.
Visualiza nuevos polos gastronómicos en el partido, como el crecimiento de Villa Ballester o los alrededores de la UNSAM en la calle 25 de Mayo, pero exige reglas claras: zonas delimitadas donde el comerciante pueda invertir tranquilo sin generar conflictos vecinales.
Sobre el final, ante la pregunta obligada sobre qué le pediría a la dirigencia política a nivel general, Nancy no duda un segundo. Su respuesta resuena con el sentido común de quien sabe lo que es estar detrás de un mostrador todos los días: «Dirigentes con experiencia. Que los cargos que ocupen tengan un conocimiento real de los temas que tratan. Les cabe a todos».
