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“Necesitamoshablar de la menstruación desde un perfil de educación, salud e igualdad”
“¿Cómo menstrua una persona que vive en la calle? ¿cómo lo hace una persona en un contexto de prostitución? ¿y una persona en la cárcel?”, se pregunta la docente de nivel inicial y educadora menstrual Florencia Fiquepron, y explica: “Cuando hablamos de salud y gestión menstrual es importante hablar de ambiente, contextualizar a las personas”.
Este año Florencia Fiquepron se sumó al Mayo Rojo, llevado a cabo por activistas menstruales y el espacio AMRed (Activismos Menstruales en Red), y pudo poner en contexto esas preguntas. Aunque en la agenda mundial el 28 de mayo es el Día Internacional de la Higiene Menstrual Femenina, “desde estos espacios de activismo, se decidió no llamarlo así porque cuando decimos higiene, estamos expresando que hay algo sucio que se tiene que limpiar. Y porque, además, no todas las personas con vulva menstrúan”, explica Fiquepron y continúa: “Con el Mayo Menstrua tomamos todo el mes para visibilizar el ciclo menstrual”.
Menstruar en contexto de encierro
Florencia Fiquepron forma parte del proyecto Migrar, que a la vez es parte de Educación Menstrual Lunática. Además, es la creadora del espacio ‘Cuerpa’, que inició en 2018 como un proyecto que busca acercar información y hablar del cuerpo, de la salud y de sexualidad.
Fue justamente desde ‘Cuerpa’ que Fiquepron le abrió este año las puertas a diversas personas menstruantes que querían mostrar cómo vivían su ciclo. E interpeló a una de sus amigas, Laura Sofia Muiños, que se dedica a la educación popular y da talleres de fotografía en el Centro Universitario (CUSAM) de la Unidad 48 de la cárcel de José León Suárez y, desde el año pasado, también dicta el taller en un espacio sólo para mujeres de las Unidades 46 y 47.

Sofía contó que la convocatoria y la temática le parecieron “buenísimas para trabajar en el taller, para darnos la posibilidad de pensarnos nosotrxs y a nuestros cuerpos, y lo que nos pasa por allí todos los días: cómo vivimos nuestra menstruación y cómo la viven ellas en el contexto de encierro”. Pero Muiños dió un paso más, y pensó en cuánto necesitaban “un espacio para hablar de lo que sucede en el servicio cada vez que una mujer o una disidencia menstrua y necesita acceder a los insumos necesarios para su salud, o cuando se necesita un turno ginecológico”.
Si bien el Estado le provee al servicio penitenciario toallitas femeninas, shampoo, jabón y papel higiénico, Sofía afirma que: “No siempre llegan, ni mandan la cantidad necesaria para todas. Son los familiares los que proveen a las chicas, y las pocas cosas que llegan desde el Estado se comparten o se les dan a las mujeres que no reciben visitas, o no tienen familiares que puedan ayudarlas”.
Cuando las mujeres que viven en contexto de encierro comenzaron a trabajar en el proyecto y a hablar sobre lo que les pasaba con su ciclo menstrual, el espacio del taller se convirtió también en una red de contención: “Cada una pudo decir lo que sentía. El debate y las fotografías comenzaron a dispararse, y tomar diferentes formas. Algunas hablaron, otras escribieron textos. O realizaron un texto que sirvió de disparador para luego producir imágenes que reflejaran ese proceso. Hablar del tema. Hablar de sus cuerpas”, explicó Sofía.
Las fotografías y textos realizados dentro del taller por María, Natalia y Magalí, fueron publicadas en el Instagram del “Colectivo de fotografxs en libertad y en contexto de encierro” @todxs.somos.otrxs, y también en el de @cuerpa_.

“Hay condiciones esenciales del derecho a la salud que cualquier ser humano tiene que tener. Este sistema violento, lo es mucho más para las personas que menstrúan. Y esa desigualdad se profundiza cuando no se puede acceder a productos de gestión menstrual, o no hay instalaciones sanitarias, ni agua potable y limpia”.
El trabajo fotográfico realizado por las mujeres en contexto de encierro estuvo anclado a uno de los ejes que había planteado AMRed para el Mayo Menstrua. “Menstruamos como vivimos era uno de los puntos”, explicó Florencia. La docente también afirmó que: “Más allá de tener acceso a los productos de higiene menstrual, necesitamos obtener conciencia de salud menstrual, de lo que yo me estoy poniendo y por qué. Tener el conocimiento y la educación me da un saber, y cuando yo sé puedo elegir”, concluyó Florencia.
Menstruar es político
Durante el mes de mayo, en la Argentina, la Subsecretaria de Asuntos Parlamentarios de Jefatura del Gabinete y la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía presentaron el informe “Justicia Menstrual. Igualdad de género y gestión menstrual sostenible”. Esta investigación da cuenta de las desigualdades económicas en el acceso a los productos de gestión menstrual, el costo ecológico y las incidencias que tiene a nivel salud, educación y trabajo.
Según los datos relevados por el informe, cada año “las personas menstruantes gastan entre $1.933 y $4.327 para gestionar su menstruación, dependiendo de qué productos usen, o si acceden o no al programa de Precios Cuidados”.
La economía de la gestión menstrual fue uno de los cuatro ejes sobre la menstruación que el espacio AMRed propuso para el Mayo Rojo de este año. Como parte de esto, a través de un link en su Instagram, se puede acceder a una aplicación que le permite a cualquier persona calcular cuánto le cuesta menstruar durante un año, según productos utilizados, marca y cantidad.
Además de economía, los otros tres ejes sobre los que trabajó AMRed bajo la consigna #MenstruarEsPolítico fueron: educación, salud y ambiente. Florencia Fiquepron explicó cómo los definieron: “Esta bueno hablar de la menstruación si nos corremos del perfil romántico, y lo abordamos desde la educación, la salud y la igualdad”. Según la docente, esto se logra con contenidos de Educación Sexual Integral que hablen de educación menstrual, “esto es importante para entender que, además de ser un proceso fisiológico, la mitad de la población menstrua. La sangre no es un deshecho: es salud”.



