Por Ariel Espósito y Facundo Nívolo
Desde el neolítico, los humanos encienden hogueras en los ritos del solsticio de invierno. No se trataba solo de calentarse, sino de recordarnos que juntos y juntas en medio de la oscuridad de los días sin sol, seguimos acá. Una resistencia de fuego antes de que el fuego mismo tuviera nombre.
De los inmigrantes italianos de La Boca se dice que llegó la versión sincretizada de una de las costumbres más antiguas, la de encender el fuego en una ceremonia de junio y reunirnos. Como en la noche del 27 de junio de 2026 en el parque Avellaneda, en Maschwitz o en Cardales.




Juan Bautista, nacido en la víspera del 24 de junio, fue quien reconoció a Jesus y, desde la mixtura del ritual pagano con el cristiano, el fuego central quedó traducido como “la luz de San Juan». Anuncia que el hijo de Dios está entre nosotros, poniendo punto final a la era de las tinieblas. Evangelio de Juan (3:30)
La dictadura de Juan Carlos Onganía prohibió las fogatas en 1966 así como toda expresión cultural callejera. Sin embargo, la censura cayó cuando volvió la democracia y la última caravana del Parque Avellaneda rindió homenaje a las víctimas de las dictaduras, convocándose en el ex centro clandestino El Olimpo..
Para el centro de la quema, el Fantoche de las Miserias es un muñeco gigante que carga todo lo que el barrio quiere dejar atrás, todo lo que cada uno y cada una quiere quemar. Esto puede incluir muebles, ramas y hojas secas que mató el otoño, ropa. Nombres para olvidar, nombres inolvidables y hasta lo indecible de palabras en papel.
En la noche más larga, ¿Vos que vas a quemar?


