Reparación histórica: los fusilamientos de José L. Suárez fueron declarados crímenes de lesa humanidad


Siete décadas después, la Justicia Federal dictó una sentencia histórica. En un fallo que repara generaciones de impunidad, la justicia reconoció la masacre de 1956 como crímenes de Estado.

Por Delfina Pedelacq, Ariel Esposito y Facundo Nívolo

Berta Carranza, hija de Nicolás Carranza.

La justicia federal dictó un fallo histórico en el Conurbano Norte. A metros de los mismos basurales donde en la madrugada del 10 de junio de 1956 la descarga de los fusiles pretendió sepultar la historia, finalmente hubo sentencia. Siete décadas tuvieron que pasar para que el eco de la Masacre de José León Suárez resonara en una reparación largamente postergada: los fusilamientos perpetrados por la dictadura de Aramburu y Rojas fueron declarados crímenes de lesa humanidad.

La causa judicial estuvo a cargo del Juzgado Federal N° 2 de San Martín, liderado por la jueza Alicia Vence. El abogado Alberto «Pepe» Palacio encabezó la querella en representación de los familiares de las víctimas.

Juan Carlos Livraga, «el fusilado que vive», único sobreviviente vivo de la masacre.

Un reclamo histórico en el auditorio Hugo del Carril de San Martín

Las audiencias previas a este veredicto tuvieron la carga emotiva de lo que se contiene durante toda una vida. En el auditorio municipal “Hugo del Carril”, ubicado en el corazón del partido de San Martín, un público colmado acompañó a las y los familiares de las víctimas mientras reconstruían el horror.

Durante el proceso, un hilo conductor unió a los testigos a través de una pregunta punzante del abogado Palacio: “¿Es la primera vez que declaran ante la justicia por este hecho?”. La respuesta afirmativa y unánime de los familiares desnudó la histórica omisión de la justicia argentina durante casi 70 años.

A partir de hoy, la verdad histórica sobre lo ocurrido en los basurales de José León Suárez quedó firmemente asentada. El fallo rinde memoria Nicolás Carranza, Vicente Rodríguez, Mario Brión, Carlos Lizaso, Francisco Garibotti, Miguel Ángel Giunta y al aún sobreviviente Juan Carlos Livraga.

Majo Carranza sosteniendo la fotografía de Rodolfo Walsh. A su lado, Fernando «Pato» Galmarini.

El emotivo testimonio de las familias de las víctimas

“Me fusilaron la niñez, me fusilaron la juventud. Con mi papá, fusilaron a toda mi familia”, conmovió Alicia Rodríguez a la sala el miércoles 17 de junio, durante el primer día de audiencia.

En sintonía, Julia Carranza aportó la memoria de la persecución posterior que sufrieron en la zona: “La familia Carranza siempre fue perseguida. Nosotras estamos vivas de milagro”.

Sin embargo, el reclamo colectivo miró hacia el futuro del partido de San Martín y el país. Berta Carranza, también hija de Nicolás, fue categórica sobre el sentido de este juicio: “Quiero que se haga justicia, a pesar de que no estén los asesinos. Queremos que esto se enseñe en las escuelas y que la historia se cuente completa”.

De «Operación Masacre» de Rodolfo Walsh a la sentencia federal

La memoria del juicio también trajo las voces de los propios protagonistas del hito que dio origen al periodismo de investigación en Argentina. Juan Carlos Livraga, conocido históricamente como “el fusilado que vive”, se hizo presente a los 94 años desde Estados Unidos mediante una carta y su última entrevista en video. Su valiente testimonio en la década del 50 fue el que dio pie a la investigación clandestina de Rodolfo Walsh, quien inmortalizó la historia de las víctimas en su célebre libro “Operación Masacre”.

Hacia el final de las testimoniales, Daniel Brión, hijo de Mario, reivindicó el logro colectivo del tribunal de San Martín. Recordó especialmente a la «Negra» Carranza, histórica militante y fundadora de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de San Martín, impulsora fundamental de la causa. “Mi papá no está en donde lo mataron, está en mi corazón y en la cabeza de cada militante que siga peleando por la Patria”, cerró conmovido.

Una postal para la historia a la salida del juicio

El cierre de la jornada del viernes dejó una imagen icónica para la zona norte: en la escalinata del auditorio de San Martín, los familiares se juntaron sosteniendo en alto las fotografías de las víctimas.

En el centro de esta escena se paró Soledad Valle, nieta del General Juan José Valle. La joven leyó la proclama que su abuelo debía difundir por la radio aquella fatídica noche de junio de 1956:

«No nos guía otro propósito que el de restablecer la soberanía popular, esencia de nuestras instituciones democráticas, y arrancar a la Nación del caos y la anarquía a que ha sido llevada por una minoría despótica encaramada y sostenida por el terror y la violencia en el poder».

Aquella proclama, silenciada por las balas hace 70 años en los basurales locales, finalmente se escuchó en democracia y con el respaldo de una sentencia judicial de lesa humanidad.