Luciana Jury, cantora popular, llegará este viernes 3 de julio a las 22 horas al Club de la Música, en Villa Ballester. Su guitarra y ella traen una promesa: un encuentro que no se repite dos veces. Antes de presentarse, charló con Zorzal Diario sobre su camino, la libertad de viajar sola con su guitarra, el vértigo del presente y la necesidad de seguir encontrando la belleza en estos tiempos difíciles.
Por Carolina Monteleone

Luciana tiene mucho escenario encima. Hace un tiempo tomó la decisión personal de recorrer diferentes lugares y escenarios ella sola con su guitarra. “Como los juglares”, menciona y enseguida aparecen los nombres de Atahualpa Yupanqui, Eduardo Falú, Suma Paz y Nacha Roldán. Para ella esto no es sólo una propuesta artística sino también una manera de vivir su sueño y la música. “También es un desafío, ¿no?, porque es un trabajo profundo sostener un escenario estando sola”, afirma.
Esa decisión también le permite que cada presentación sea diferente y, además, cambiar el repertorio o agregar alguna canción el mismo día o minutos antes de salir al escenario. Para ella el show nunca está completamente cerrado, porque la realidad también va transformando lo que sucede arriba del escenario.
Probablemente por eso mismo, Luciana se refiere a sus presentaciones como encuentros.
“Hay mucha interacción. Hablo con el público, ellos me hablan. Es cantar, bailar, a veces emocionarse… Es un encuentro que habla de abrazarse, abrazarnos un poco a través de la música y de esa manera la vida es un poco más bonita”. Tras una pequeña pausa y una leve risa, Jury describe estos encuentros como una montaña rusa “como yo -aclara sonriendo- es una hora y media, un poco más, de celebración, reflexión y emoción”.
Esa reflexión también está dada por un juego entre Luciana y su público. A sus encuentros lleva un libro -últimamente de su padre Jorge Zuhair Jruy-, lo abre, va pasando las hojas rápido y cuando el público grita “Basta” se detiene en un fragmento. Ese es el que lee ese día en el escenario. “Es como un oráculo… lo que nos diga en esos momentos también habla de un sentimiento que es específico de ese encuentro, de los que estamos ahí presentes en ese momento. Es una invitación a no distraerse, a exaltar los sentidos”. Eso hace que cada encuentro con Luciana sea diferente, la potencia de saber que del otro lado hay alguien escuchando.
La conversación deriva hacia el presente, y frente a la vorágine y sobre información en la vida cotidiana, Luciana recuerda la poesía de Discépolo “el mundo fue y será una porquería”. En ese punto agrega: “Ahí hay un desarrollo del fracaso. El problema de hoy es que tenemos mucha información acumulada, todo el tiempo nos enteramos de todo. Queremos resolver el terremoto en Venezuela, Palestina, Irán y, además, nuestra propia vida”. Para ella el desafío consiste en recuperar pequeños espacios donde la existencia vuelva a tener sentido. Ahí es donde la música vuelve a aparecer para mostrarnos la vida un poco más bonita. “La música atraviesa el cuerpo, te recompone un poco” afirma Luciana mientras apoya sus manos en el pecho.
Es justamente esa mirada la que hace que tenga una visión tan particular sobre la música. A Luciana no le interesa el marketing o la idea de segmentar a su público, “esa es otra trampa en el camino del artista”, afirma. No cree que los géneros musicales puedan ser escuchados por una generación particular. Probablemente es por eso que en su repertorio la cantora pasa por el folklore argentino, tangos, boleros, valses peruanos, cuecas chilenas, joropos y más. En esa mixtura de géneros también se ve su público. La música de Jury entrecruza generaciones y edades. “Así como mi repertorio es muy ecléctico, mi público también lo es y esa diversidad es mi mayor orgullo. Hay abuelos que van con sus nietos, hay adolescentes, jóvenes y adultos de la comunidad LGBTIQ+… y ese encuentro es algo que van a compartir, un momento, un recuerdo que van a compartir por siempre”.
Tras todos estos años, Luciana sigue estando muy agradecida por haber elegido este camino; por la música y por seguir encontrando sentido a cada encuentro. “Cuando salgo del encuentro, cuando termino, salgo más liviana”.
Quizás esta es la mejor manera de ir al encuentro con Luciana Jury el viernes en el Club de la Música: sabiendo que durante una hora y media compartiremos un espacio con risas, emoción, poesía y la posibilidad de jugar.

