A casi tres años del femicidio de Andrea, su pareja y único acusado, Arnaldo Meza llega detenido al juicio. El proceso se llevará adelante en los Tribunales de San Martín entre el 22 y el 25 de septiembre mediante la modalidad de juicio por jurados. Se espera que el viernes 25 se conozca la sentencia para el asesino.
Durante la tarde del jueves 6 de octubre de 2023 Andrea y su padre estaban rebosando milanesas para la cena de ese día. El olor a frito empezaba a inundar el comedor. Esa noche sería la final de la Copa Libertadores donde se enfrentaban Boca Juniors y Fluminense. Cerca de las diez de la noche, Arnaldo Meza llegó a la casa familiar donde él también vivía, con el objetivo de llevar a Andrea a ver el partido a la casa de un amigo, Albino Ramos López. Andrea saludó a su papá y salió sin celular ni plata.
Una vez en la casa de Albino, ubicada en la calle Solís entre Las Hortensias y Las Margaritas del mismo barrio, transcurrió todo el partido hasta la victoria del equipo brasilero. Cerca de la 01:16 de la madrugada, mientras Albino salía a buscar una pizza, se escuchó un disparo que venía desde su casa. Las últimas palabras de Andrea, mientras caía al suelo desvaneciéndose, fueron un murmullo: “¿Qué me pasa?”.
Lo que siguió fue la simulación y el encubrimiento. La cargaron en un Citroën C3 gris y la llevaron al Hospital Bocalandro. Dejaron a Andrea agonizando en la guardia y se fueron, primero Meza, su pareja y después Albino. La familia del agresor intentó engañar a la madre de Andrea diciéndole que su hija estaba internada por una apendicitis.
Cuando los padres de Andrea llegaron al hospital, los médicos les advirtieron que una joven había ingresado con una herida de bala en la cabeza y el rostro deformado por la hinchazón. Desorientados por la mentira de la familia de Meza, recorrieron otros hospitales con la esperanza de que Andrea estuviera bien.
Sin ningún resultado, decidieron ir hasta la casa de la familia de Meza dónde encontraron el auto gris bañado en sangre. Allí, la hermana del agresor confesó entre lágrimas: “Mi hermano tiene que pagar por lo que le hizo”. De regreso al Bocalandro, la confirmación llegó del modo más doloroso: la reconocieron por el tatuaje en la piel que llevaba grabado el nombre de su hija, Zaira. Andrea falleció algunas horas después.

La habitación intacta
En la casa donde vivía Andrea todo sigue en su lugar. Las fotos en las paredes, la televisión, la ropa y el olor de su perfume. Sobre una mesa quedaron, prolijamente impresos, varias copias de su currículum vitae: Andrea Celeste Jara López tenía veinticuatro años, la sonrisa luminosa y el deseo intacto de trabajar. “Quería ser modelo”, cuenta Patricia su mamá, pero sobre todas las cosas quería salir adelante junto a su hija Zaira, que entonces tenía 5 años. Había dejado todo listo para salir a repartir esos CVs en cuanto su madre regresara de un viaje. No llegó a hacerlo.
En la habitación familiar hay también una trama de duelos que se cruzan. Unos meses antes del crimen, la abuela de Andrea había fallecido. Según los preceptos de la cultura paraguaya de la que proviene la familia, es necesario deshacerse de ciertos objetos —como la cama del difunto— para que la muerte no vuelva a golpear a los seres queridos. Andrea, en cambio, pidió conservar esa cama. Cuando Zaira, que hoy tiene ocho, extraña a su mamá, se hamaca con fuerza en el patio para acercarse al cielo, donde su mamá fue a cuidar a la abuelita.
El infierno antes del disparo
Arnaldo Meza no mató a Andrea de la nada. Durante meses desplegó sobre ella una red de violencia, aislamiento y sometimiento económico que en el barrio Costa Esperanza muchos conocían, pero que la familia de la joven fue reconstruyendo trágicamente en piezas después del crimen.
Meza era conocido en la zona por ser prestamista, andar armado y apretar a vecinos. En el terreno de la intimidad, le quitó el celular a Andrea, la obligó a dejar de trabajar y pasó a controlar el poco dinero que ella ingresaba. Incluso cuando él mismo no tenía dónde ir, la familia de Andrea le abrió la puerta de su hogar, le dio techo y comida sin sospechar la violencia sistemática que ejercía puertas adentro. Andrea callaba para no preocupar a sus padres; sus amigas, en cambio, le advertían que se separara de un hombre que ya tenía denuncias previas por violencia de género con su expareja.
El carancheo y la red de sostén

Los meses posteriores al femicidio estuvieron marcados por la impunidad y la desidia estatal. En los primeros días de repercusión mediática, la familia fue víctima de abogados y estafadores que les exigieron dinero que no tenían para luego desaparecer sin mover un folio de la causa. Tampoco contaron con la asistencia psicológica básica por parte de los organismos oficiales.
El rumbo de la causa cambió cuando el tejido comunitario y el espacio de acceso a la justicia acompañado por el Padre Adolfo intervinieron para frenar el manoseo y exigir respuestas formales ante la Fiscalía N° 6 de San Martín.
El juicio
Tras casi tres años de espera, el banquillo de los acusados tiene fecha confirmada. Los días 21, 22, 23 y 24 de septiembre, el Tribunal Oral en lo Criminal de San Martín llevará adelante el debate bajo la modalidad de juicio por jurados, con la intervención de 12 ciudadanos, la fiscalía del Dr. Velazco Cerviño y la declaración de más de 30 testigos.
Arnaldo Meza llega al debate detenido e imputado por Femicidio agravado por el uso de arma de fuego, por el vínculo y por violencia de género. Por su parte, Albino Ramos López fue sobreseído de la imputación inicial tras corroborarse que no apretó el gatillo, y declarará como el testigo principal del hecho.
Para los padres de Andrea, el juicio no devolverá la vida a su hija ni le restituirá la madre a Zaira, pero fija un límite definitivo: «Queremos justicia como corresponde, el tiene que pagar por lo que hizo, porque él está vivo y yo a mi hija la tengo en un nicho. Una persona así no puede estar en la calle».


