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Desde el 20 de agosto rige en nuestro país la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, más conocida como Ley de Etiquetado Frontal. Sin embargo, en la mayoría de las góndolas de los supermercados todavía no se ven los productos cumpliendo con la norma.
Impulsada por el oficialismo, la ley establece que estos diseños comestibles, que se comercializan como alimentos, con exceso de nutrientes críticos: grasas, azúcares, sodio y calorías, como también aquellos con edulcorantes y cafeína, no recomendables para niños y niñas, deben llevar un sello en la cara principal, un octógono color negro. La normativa podría traer cambios beneficiosos para las costumbres alimentarias de la población argentina, sobre todo en los más jóvenes.
Las demoras en la aplicación de la ley se dan por las masivas presentaciones de empresas para solicitar prórrogas. Según datos informados por el Ministerio de Salud, se otorgaron prórrogas a 240 empresas que abarcan 11 mil productos, alrededor de un 3% del universo de los productos de tránsito federal. Uno de los argumentos de las empresas que solicitaron prórroga fue que ya imprimieron miles y miles de etiquetas, y que deben usarlas hasta que se agoten para volver a fabricar las nuevas.
De esta manera, habrá que seguir esperando para observar de manera total y general los cambios en las góndolas de las etiquetas de los productos ultra procesados de compañías como Arcor, Molinos Río de la Plata, Coca Cola, Unilever, Prócter, Pepsi, Mastellone.
Los sellos establecidos por la ley deberán estar en el frente de los envases con las siguientes inscripciones: “Exceso en azúcares”, “Exceso en sodio”, “Exceso en grasas saturadas”, “Exceso en grasas totales” y “Exceso en calorías”. Mientras más octógonos tiene un producto, menos recomendable es para la salud.
La ley establece que más allá del sello, los productos que tengan estos excesos no pueden contener en sus envases personajes infantiles, animaciones, dibujos animados, celebridades, deportistas o mascotas ni estar acompañados por elementos interactivos, obsequios, premios, regalos, accesorios, adhesivos, juegos, descargas digitales o cualquier otro elemento. Tampoco pueden ofrecer la participación o promesa de participación en concursos, juegos, eventos deportivos, musicales, teatrales o culturales, junto a la compra de productos.

Además, si tiene edulcorantes, el envase deberá tener debajo de los sellos de advertencia la siguiente leyenda: “Contiene edulcorantes, no recomendable en niños/as”. Del mismo modo, si tiene cafeína deberá decir: “Contiene cafeína. Evitar en niños/as”.
Los valores máximos establecidos por la Ley para azúcares, grasas saturadas, grasas totales y sodio, deben cumplir los límites del Perfil de Nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
La norma se reglamentó el 23 de marzo pasado mediante el Decreto 151/2022, firmado por el presidente Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, Juan Manzur, y los ministros de Salud, Carla Vizzotti, y el ex de Agricultura, Ganadería y Pesca, Julián Domínguez.
Las enfermedades crónicas no transmisibles son la primera causa de muerte en el país. El mayor consumo de estos productos se da en los hogares de menores ingresos. Es decir, ser pobre en Argentina, te condiciona a comer mayor cantidad de ultra procesados, con exceso de nutrientes críticos, por lo tanto, es mayor la posibilidad de tener enfermedades crónicas no transmisibles.
La ley intentará regular un problema urgente como lo es el consumo de ultra procesados, vinculado a la obesidad y a otras enfermedades no transmisibles. Tiene el apoyo de organizaciones como Unicef, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), la OPS y la Fundación Interamericana del Corazón (FIC), entre otras instituciones, apoyándose en las experiencias de normas similares ya implementadas en países de la región como Chile, Perú, Uruguay, Colombia y México.
Al respecto, Carla Vizzotti, ministra de Salud, explicó: “Es importante transmitir que la Ley 27.642 tiene como objetivo la promoción de una alimentación saludable. El etiquetado frontal es solo una parte que busca dar la información para que las personas tomen las mejores decisiones y las empresas traten de readecuar sus productos en la medida que puedan”.
De acuerdo a la encuesta de factores de riesgo publicada en octubre de 2019, en Argentina mueren por día más de 686 personas por enfermedades crónicas no transmisibles relacionadas a la alimentación. El consumo de estos productos que tienen exceso en nutrientes críticos tiene impacto directo en nuestros cuerpos y se relaciona con el desarrollo de estas enfermedades que nos matan: cardiovasculares, cáncer y diabetes tipo 2.
Según una reciente investigación llevada a cabo por Unicef, uno de cada dos chicos en Argentina reconoce haber comprado un alimento poco saludable porque lo vio en una publicidad en los últimos tres meses, mientras que ocho de cada diez comentan que son bombardeados con publicidad de golosinas mientras navegan por internet.
En América Latina, casi cuatro millones de niños y niñas (el 7,5% de la población) presentan sobrepeso u obesidad, según el estudio, y, Argentina es el país de la región con más exceso de peso en menores de cinco años. “La prevención de la obesidad en la infancia es crucial porque es la etapa en donde se construyen los hábitos que continúan en la vida adulta”, explica el documento de Unicef.
Cualquier persona puede saber qué sellos le corresponden a un alimento a través de la calculadora implementada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), que puede consultarse en la web del organismo. A diferencia de otros países, el parámetro para el etiquetado en Argentina está establecido en función de los lineamientos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que establece límites más estrictos que otros sistemas. Se contempla también la incorporación de “leyendas precautorias” sobre edulcorantes y cafeína, como sustancias no recomendables para infancias.
El proyecto apunta, en primera instancia, a identificar aquellos alimentos que no conviene comer y que muchas veces suelen disfrazarse de “sanos o naturales”, como ocurre con algunos yogurts o cereales azucarados. La forma en que se presenta la información nutricional actualmente es incomprensible. El objetivo es darle datos extra a la persona media para que comprenda qué es lo que ofrece el producto.Asimismo, los productos que tengan estos sellos negros no podrán ser ofrecidos en ámbitos escolares y tampoco ser promocionados ni publicitados en programas infantiles.

Si bien es obligatorio que cada alimento reporte su información nutricional, en la actualidad, estos datos aparecen al dorso de los productos, colocados con una letra muy chica, prácticamente imposible de leer. Un relevamiento realizado por la fundación SANAR (Sociedad Argentina de Nutrición y Alimentos Reales), solo el 26 % de las personas las lee, pero solamente la mitad de ese porcentaje las lee y las comprende. Entonces: ¿cuánta libertad tenemos cuando elegimos lo que comemos si no entendemos qué es lo que compramos?
Las multinacionales norteamericanas agrupadas en la Amcham (Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina) cuestionaron duramente la ley por entender que podría ahuyentar inversiones, obstaculizar el comercio y poner en riesgo fuentes de trabajo, “utilizando premisas que aparentan solucionar los problemas de la sociedad, cuando en el fondo los ocasionan”, afirmaba el documento firmado por Alejandro Díaz, CEO de AmCham en Argentina.
Aunque el Estado no tiene potestad para decidir qué podemos consumir los ciudadanos, el espíritu de la ley de Etiquetado Frontal pretende darles a las personas la posibilidad de tomar esa decisión de forma consciente e informada.